jueves, 29 de julio de 2021

CURRO GIRÓN, FIGURA DEL TOREO por Víctor José López EL VITO


Curro Girón y Paco Camino llenaron de torería una época dorada en Venezuela y fueron rivales en España. Dos ases contemporáneos del toreo universal. 



 

Si nos preguntaran qué torero americano tuvo el perfil de figura del toreo desde el momento que se iniciaba, responderíamos que Curro Girón (1938/1988 ). Sin reparos. Curro lo encarnaría de las zapatillas a la castañeta, sin necesidad de improvisados ajustes.

 Todo en Curro Girón era natural, y además propio. Tan natural era su actitud, nunca se sintió fuera de grupo entre sus competidores, porque fue figura tanto en Europa como en América. Un personaje, genuino y con su gracia natural. Colocaba en el centro de la atención, en cualquier reunión.

 Hablar de toros con Curro, era delicioso. Además del ingrediente de su experiencia, salpicaba la plática con anécdotas por él vividas.  Viene hoy a estas páginas su recuerdo, porque conmemoramos su onomástico hace pocos dias.. 

  Curro Girón ha sido uno de los grandes toreros de América y una auténtica figura de la fiesta respetado por España. 

Desde que Curro Girón inició su carrera tuvo el perfil de razones que le condideraran figura del toreo: un torero de primera línea se  califica por sus triunfos, se evalúa por  las plazas donde actúa, tomando en cuenta los alternantes en la medida de la estatura y de su jerarquía profesional de con quienes ha realizado su carrera y, sobre todo, con quienes ha competido. 

Cuando Curro entra en la escena histórica del escenario de su brillante carrera, encontró en el escalafón de los matadores de toros, siendo Girón un imberbe,  a Pepe Luis Vázquez, Luis Miguel Dominguín, Manolo González, Rafael Ortega, Pepín Martín Vázquez y Antonio Ordóñez como capitanes del grupo español de figuras del toreo, que contaba además con Pedro Martínez “Pedrés”, Miguel Báez “Litri”, Julio Aparicio, Antonio Chenel “Antoñete”, Manolo Vázquez, Diego Puerta, Paco Camino y Curro Romero.Sin olvidar al imbatible Manuel Benítez “El Cordobés”. Curro Girón alternó con todos y con todos pudo. 

Su hermano César vivía la intensidad de su legítimo estrellato. Su competencia con Luis Sánchez Olivares “El Diamante Negro”, Joselito Torres y César Faraco llenaron el momento más importante de nuestra historia taurina. 

Cuando Curro Girón daba sus primeros pasos en la profesión, en México, nación taurina por excelencia siempre muy ligada a Venezuela por sus toros y sus toreros, era la azteca  una baraja variada de toreros importantes:  época de Manuel Capetillo, que le marcaba el paso a grandes figuras del toreo universal. Eran los días de Juan Silveti, torero consagrado en España por sus triunfos en Madrid. Eran los días de la moda impuesta por el maestro Alfonso Ramírez “El Calesero”, Rafael Rodríguez “El volcán de Aguascalientes”, Humberto Moro, Antonio del Olivar... y más tarde le abrirían las plazas para el caudal de pasiones que provocarían Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Mariano Ramos y Curro Rivera. Eran ellos los que cortaban el bacalao, y Curro Girón alternó y pudo con todos. 

Ocurrió lo mismo con los toreros sudamericanos, con los de Colombia porque ni Perú y tampoco Ecuador tenían espadas con su jerarquia. En el Perú arrasó con trofeos en Acho, convirtuiendose e ídolo de multitudes. 

En Colombia y su gran figura, el maestro Pepe Cáceres, se vivieron encuentros llenos de pasión en Maracay, Caracas, Tovar y diversas plazas venezolanas. Cada uno sembró peñas alrededor de sus nombres, como nunca antes había ocurrido.  En Cali este par de auténticos maestros llenó toda una época inolvidable para los aficionados. 

Era la época Portugal estaba representado por sus dos grandes toreros, Manolo dos Santos y Paco Mendes. Figurones del toreo a los que el de Maracay puso firmes en el terreno de la competencia que abarcaba desde Madrid a Lima cruzando Sevilla, Bogotá y México. 

Con todos estos grandiosos toreros compitió el irreverente venezolano, y lo hizo en las plazas de ellos y ante sus aficiones y frente a los toros de aquellas latitudes ya que en Venezuela no existía el toro de lidia. 

Curro Girón vivió como figura que fue. Tuvo los mejores coches, habitó en las mejores casas, las más bellas mujeres escribieron apasionantes páginas en su vida y los mejores toreros estuvieron en su cuadrilla, como su hermano Rafael, Carlos Saldaña, Rigoberto Bolívar, Vicente Aray “Camachito” y Mario González, en Venezuela, porque en España Andrés Luque Gago le acompañó en sus temporadas como puntero. Más tarde Enrique Bernejo “Bojilla”. Al picador “Chavito” lo bajó del caballo y lo convirtió en su apoderado, sustituyendo a Fernando Gago. 

Aquellos que sostienen la jerarquía de un torero en cifras o acontecimientos satisfarán sus exigencias y no dudo de que han de calificar el rango a Curro, con sus cinco salidas a hombros en Las Ventas, los triunfos en la Maestranza de Sevilla. Éxitos continuados en Pamplona. En Lima, durante dos, años recibió el Escapulario de Oro del Señor de los Milagros. Tardes de cuatro orejas y dos rabos en la Feria de Cali, una pata entre los muchos éxitos en Manizales y triunfos arrolladores en Medellín. 

En Venezuela no tuvo ni ha tenido rivales entre los nacionales o los visitantes: fue el amo de La Pluma de Oro en el clásico de la temporada nacional, la Corrida de la Prensa y fue triunfador permanente de San Cristóbal, Maracaibo y Valencia, donde escribió páginas muy destacadas en los anales de la Historia de la Monumental de El Palotal. 

Ángel Escobar “Bola de Nieve”, célebre Mozo de Espadas que de joven se dio el lujo de vestir y servirle las espadas al maestro vallisoletano Fernando Domínguez, vistió por primera vez a Curro Girón en el Hotel Potomac de San Bernardino cuando reapareció como matador de toros en el Nuevo Circo el 3 de febrero de 1957. Fueron toros del doctor Manuel Labastida, toros berrendos de Santo Domingo. Cuenta en la biografía Curro, Yo, Girón, que “esa fue la corrida de toros más importante de mi vida.” Fue Curro el triunfador: cuatro orejas y un rabo,  salida a hombros en compañía de César y de Rafael, una oreja cada uno. Allí se encontraron sentimientos, recuerdos e ilusiones. 

El 17 de febrero del 57, Curro Girón toreó una corrida de toros de Santacilia con Antonio Ordóñez y Alfonso Ramírez “Calesero”. Cartelazo con dos grandes, dos históricos de la fiesta. “El Calesero”, torero de Aguascalientes al que anunciaban como “el poeta del toreo”, tuvo a su servicio, antes de esta su reaparición en Caracas a “Bola de Nieve”. El Calesa, como Fernando Domínguez, fueron muy aficionados al flamenco, el de Valladolid lo bailaba casi tan bien como toreaba con el capote y el de México con su improvisación de coplas y fandangos competía en ingenio de improvisación con el negro “Bola de Nieve”. Los íntimos disfrutaban de las cosas de estos artistas, ante los que Ángel Escobar no se quedaba corto. 

Luego de triunfos que consolidaron su condición de matador de toros de jerarquía en España, Curro confirmó su alternativa en Madrid. Ha sido la Plaza de Madrid, ya fuera la antigua de La Carretera de Aragón o la actual de Las Ventas del Espíritu Santo, un bastión incuestionable para poder ser considerado el torero una figura de la fiesta o Maestro del Toreo.

 Bastión que debe ser tomado por el triunfo, éxito subrayado con la salida a hombros por la Puerta Grande. 

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