jueves, 23 de agosto de 2018

CRÓNICA DE ANDRÉS AMORÓS DE LA QUINTA CORRIDA DE BILBAO

Cariñosa despedida a Juan José Padilla en Bilbao

Corta la única oreja en una corrida de Domingo Hernández que tampoco dio el juego deseado

Muy mal sabor de boca dejaron, el martes, los flojos toros de Núñez del Cuvillo.Los miles de espectadores, ¿saldrían con ganas de volver a la Plaza? Me temo que no. Buscando un toro «toreable» (¡horrible concepto!), se suele llegar al borrego. Sin un toro bravo y poderoso, la Fiesta entera se hunde. 
Nuevo cartel importante, con los toros preferidos por El Juli. ¿Se repetirá la decepción? No tanto, pero tampoco han dado el juego esperado, ni han propiciado el éxito: los tres primeros, de Domingo Hernández, reservones y complicados; los otros tres, de Garcigrande, simplemente manejables. Sólo Padilla, con su entrega, logra un trofeo. 
En el año de su despedida, Padilla, con su negro pañuelo en la cabeza, está recibiendo el cariño popular que merece, como un auténtico héroe. Comienza la tarde dedicándole, como homenaje, el hermoso y solemne baile del «aurresku». Al primero, el picador Mambrú «se fue a la guerra» le pega duro. Sale el toro de varas reservón, muy parado: hace bien Padilla en no banderillear, los peones dan el mitin. Aún así, lo brinda al público, se dobla con oficio pero el toro protesta, queda muy corto: ha de abreviar. Mata con facilidad.
El Juli es, con Ponce, diestro predilecto de Bilbao; ha toreado, aquí, 48 tardes. En el vigésimo aniversario de su alternativa, el Club Cocherito le dedica un libro de homenaje, escrito por Álvaro Suso. Viene con la alegría de un nuevo indulto, el de «Aguamiel», en Cuenca. Echando el capote abajo, intenta sujetar al segundo, muy suelto, que mansea, en el caballo; en la muleta, también es reservón, no da el juego que él esperaba, al brindarlo: se para y protesta. La faena queda en conato: decepción. Mata mal, con el habitual salto. Seguimos en horas bajas.
Dos tardes seguidas torea Manzanares: un arma de doble filo. Con los flojos Cuvillos, «no estuvo». Se le espera, esta tarde. Es muy buen torero pero debe reaccionar. Flaquea y echa las manos por delante el tercero; en la muleta, se queda a medias, quiere rajarse. Manzanares lo intenta, en una faena desigual, con pasajes de buena estética, sólo pasajes. Mata desprendido, yéndose.
Recibe Padilla con dos largas de rodillas al cuarto, más manejable pero que flaquea y embiste con poco celo. Lo domina bien, por bajo; lo embarca en muletazos templados; le va sacando, con habilidad, lo poco que el toro tiene; cuando se para, tira de recursos, rodillazos y desplantes. La estocada desencadena el entusiasmo del público: oreja. Como es habitual en él, lo ha dado todo y el público se lo ha agradecido. En la vuelta, lleva la bandera pirata y el pañuelo azul de las fiestas de Bilbao.
También mansea y flaquea el quinto, manejable pero que apenas transmite emoción. Después de sujetarlo, El Juli se lo enrosca a la cintura: le saca muletazos por los dos lados, en un trasteo técnico y pausado, que el público agradece, aunque la faena no haya sido completa. Mata a la segunda.
Mece bien Manzanares el capote en el sexto, que es «Bochinchero» pero no para armar el alboroto. Pica muy bien Paco María. El toro es pejagosito, embiste a regañadientes; metiéndose en su terreno, tirando de él, Manzanares logra sacarle muletazos estéticos. No ha sido gran faena pero sí un paso adelante, en su temporada. Al final, el toro se pone incómodo y mata a la cuarta. Con lo gran matador que es, parece haber perdido algo el sitio, en esa suerte.
La gente no ha salido disgustada: la exigencia de Bilbao –lamento decirlo– ha bajado mucho. Todavía no se ha producido la emoción unánime que una gran corrida de toros suscita. 
Postdata. Muchos turistas acuden a ver el espectacular Guggenheim pero el gran Museo de Bilbao es el de Bellas Artes, dirigido de nuevo por Miguel Zugaza. Ha cumplido 110 años y lo celebra con una muestra antológica de 110 obras. Admiro un gran toro blanco, en «El rapto de Europa», de Martín de Vos; también, hermosos cuadros de grandes aficionados a los toros, como Goya, Zuloaga, Eduardo Arroyo y Miguel Barceló: para los antitaurinos, ya se sabe, unos bárbaros, unos pobres incultos…



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