![]() |
| Luis Miguel, Domingo González Mateo "Dominguín", Pepe Dominguín y Domingo Domiguón, los Dominguín que fueron mucho para una época del toreo... |
EL VITO
Desde que Domingo González Mateo el famoso Tiburón de Quismondohizo acto de presencia en la fiesta de los toros, con un protagonismo positivo, siempre ha latido el corazón de un Dominguín en el toreo.
Desde que Domingo González Mateo el famoso Tiburón de Quismondohizo acto de presencia en la fiesta de los toros, con un protagonismo positivo, siempre ha latido el corazón de un Dominguín en el toreo.
Ya como padre, constructor de ilusiones y hacedor de realidades esplendorosas, o como Domingo hijo, creador de bases hiperbólicas que aún sostienen muros impresionantes del toreo, o con la preclara inteligencia de Pepe, que se asoma como bandera de guerra desde las aparentes cenizas de la fiesta. No se puede dejar de lado la fulgurante presencia de Luis Miguel, vanguardista apresurado envuelto en su arrogante figura que se confunde en los versos y trazos de Alberti.
Todas estas cosas hicieron, no hay otras razones, que Pepe Dominguín haya vuelto a los toros. Es el apoderado de Curro Vázquez, como lo fue su hermano Domingo. Es Curro un torero de arte que de la mano de Pepe reinicia el camino que el destino le preparó para convertirse en un extraño elegido al que aguarda con paciencia un trono especial en el reino de los toros...
Dominguín y Curro Vázquez preparan los campos para la lucha.
Luchas como aquellas que se concertaban en la Cervecería La Alemana en la plaza de Santa Ana. Ese rincón, pedazo del Madrid que se aleja, del que salieron los dominguinespara enfrascarse en querellas dignas de hombres distintos, para más tarde salir airosos, repartiendo luces.
Dominguín volvió a los toros en la persona de Pepe. Como aficionado y como periodista, sin decir que como su amigo, me siento ilusionado. Me cuesta creer que haya toros en la historia del toreo sin la presencia de uno de los hijos de aquel Tiburón de Quimono.
Encontré a Pepe en la Cafetería del Foxá, cuartel de Antoñete los días previos a la corrida de la despedida. Entre el ir y venir de los periodistas y el alboroto armado por Joaquín Gordillo, metido en el ojo de aquel torbellino, conversamos con el elegante Dominguín que ha vuelto a los toros porque “me ilusiona andar con un torero como Curro Vázquez”.
El grupo editorial Cambio 16 publicó su Carta a Domingo Dominguín, y en ese punto de la media luna del toreo comenzó el discurso del que fuera junto a Pepe Bienvenida, según Antonio Ordóñez, "uno de los dos banderilleros más cojonudos que haya conocido la historia del toreo".
Pepe Dominguín tiene muchas teorías sobre la fiesta de los toros... una de ellas es la de preservar la bravura de los toros indultados en la plaza a los toros bravos. En las corridas de importancia debería existir una especie de comisión que abogue por el indulto del toro bravo. No por perdonarle la vida al toro del triunfo, al toro del escándalo para el torero, sino al toro bravo, fiero, encastado, ese que han ido desechando toreros y ganaderos y se va de nuestras manos para quedar a merced de este toro aparatoso, funcionario, bueno-para-nada, que hoy sirve a la fiesta
- Le escribo esta carta a mi hermano Domingo, desaparecido ya como todos saben, porque es una respuesta a quienes se asombran al descubrir la verdad del toreo en la muleta de Antoñete. La única verdad que ha existido en la fiesta, desde los tiempos inmemoriales, no es otra que la de ejecutar las suertes sin trampas. Puede que exista uno que otro estilo, una expresión diferente, pero la verdad es una sola y esa fue la que aprendí desde que comencé a ser torero... ya verás, viví aquel Verano sangriento, al que Hemingway se refiere entre dos expresiones. La de mi hermano Miguel y la de Antonio. Sin embargo, aquel verano sólo vivimos la mitad de la verdad del toreo”.
Autor de estupendos libros, Mi gente y De oro y rojo, otro libro que habla de los días finales de Domingo, su hermano mayor que respondía a su militancia comunista con la respuesta: "No es lo mismo un comunista artista que un artista comunista. El primero intenta poner la estética de la revolución, el segundo es la estética en persona, sin la cual toda revolución es imposible"…y otros libros de cuentos para niños y de historias la vida.
- Hay cuentos taurinos, unos cuantos, y cuentos de la vida, muchos vividos por el último eslabón de los Dominguín.
Encontré a Pepe en el aeropuerto de Sevilla. Estaba junto a Curro Vázquez y nos fuimos de inmediato a Ronda, por aquella vieja carretera cruzamos la noche y la sierra, en un auto conducido por un chofer muy corto de vista y de oídos tapiados. Remontamos en una sonora carcacha la sierra rondeña. En medio de la noche y en la sinuosa carretera tropezamos un rebaño de ovejas. El chofer, en el soliloquio que tenía desde que partimos de Sevilla, justificaba el percance en que las ovejas no llevaran linterna.
En el camino Pepe recordaba sus vivencias cuando su padre era capitán general del toreo.
- Un domingo en la tarde cuando íbamos camino a la plaza de toros, mi padre y Chocolate delante, Domingo y yo detrás. En ese instante Chocolate detuvo su marcha y con la asombrada expresión de quien descubre lo indescifrable, le pregunta a mi padre:
-¿Domingo, puede usted decirme qué hacen los ingleses los domingos por la tarde? Era el mundo del toro el único universo que existía para Chocolate, para los taurinos. Sólo pensábamos en las cosas de la fiesta de los toros. Los toreros cuando no toreábamos íbamos a un tentadero, a una tertulia donde sólo se hablaba de toros. Leíamos libros taurinos y escuchábamos en la radio los programas de toros.
Ahora todo ha cambiado.
- El toreo se ha folclorizado y es tema para las revistas del corazón, interesan más los reportajes en sus páginas, sobre divorcios, amoríos y cuernos que la de los críticos taurinos. Se ha perdido el más puro sentido del toreo. Ahora los toreros no son buenos aficionados.
- Es por eso que con Curro Vázquez me siento feliz. Además de ser un gran torero es un gran aficionado, como los de antes. Le gusta hablar de toros, vivir para los toros, y eso me hace feliz.
De regreso a Sevilla hicimos un breve recorrido turístico, Curro tenía interés que fuéramos a la Catedral de Sevilla. Hermoso y monumental templo que integra junto a los de Burgos y Toledo las tres catedrales más importantes de España. Pepe era ateo, comunista convicto y confeso, como casi todos los Dominguín; pero a instancias de Curro Vázquez le acompañó en la visita al interior del templo.
- Maestro, dice Curro, necesitamos torear en Sevilla. Vamos a pedirle a la Virgen que nos eche una mano.
Mirando a su alrededor Pepe se percata que en la imaginería se destaca un gran número de vírgenes y de santas. Le pregunta a Curro a cuál de ellas habrá que pedirle, que rezarle para que nos haga caso. Me imagino que será la que está en el Altar Mayor.
Nos dirigimos al Altar Mayor y un cura nos detiene... pide abonemos una cuota para visitar la nave principal de la catedral. “No soporto esta golfería”, protesta Pepe.
- Mira Curro, lo mejor que puedes hacer, si deseas torear en Sevilla, es arrimarte en la temporada, porque yo no le doy un solo duro a estos golfos.
Aparentemente procaz, profundamente sensible, este Pepe Dominguín es el portaestandarte de una tradición que pretende escaparse con su vida, con los de su estirpe. Así lo comprende y por ello suelta a cada instante su casticismo sembrando madrileñería por los rincones de Andalucía, para sembrar y propagar junto a la semilla de su propio sentido del toreo ese ser Dominguín, el fruto del árbol que le dio vida y que ahora con el recuerdo de tantas cosas lindas le da cobijo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario