miércoles, 24 de enero de 2018

EL 25 DE ENERO DE 1981 JORGE GUTIERREZ AGREGÓ A SU GRANDEZA LA MARCA DE MAYOR NÚMERO DE INDULTOS EN LA PLAZA MÉXICO

HA SIDO UN CONSENTIDO DEL PÚBLICO DE MÉXICO  


Víctor José López
EL VITO

El 25 de enero de 1981 el gran torero hidalguense Jorge Gutiérrez indultó un toro en la plaza Monumental México. Fue un toro de la ganadería de San Martín de nombre “Poco a poco", primero de tres que lo colocan como el matador de toros con mayor número de indultos en el historial de la gran plaza de Insurgentes.
Hoy 25 de enero de 2018 recordamos la efemérides  de aquella tarde, la gran faena del primero de tres indultos en el haber de El Coloso de Tula. Capítulo de muchos éxitos de su historia en el inmenso coso de Insurgentes.

Más tarde vendría la faena a Giraldillo de la ganadería de Manolo Martínez en la Temporada Grande de 1996. Un tercero fue en el 2001, “Fenómeno”, perteneciente a la divisa de Julio Delgado.
Así se convertía Jorge  con la faena a “Fenómeno” de Julio Delgado en el matador de toros con más toros indultados en los 72 años en la reseña histórica de la Plaza de Toros Monumental México, plaza en la que se le ha personado la vida a 30 toros, desde que Luis Procuna indultó el 15 de abril de 1951 a Muñeco de don Ernesto Cuevas .
Ordenamos nuestros recuerdos, y en ellos está la hidalga presencia de un torero que vivió entre nosotros, le recordamos como uno de  los asiduos de aquella tertulia en Cuchilleros. Allí en la tempestuosa tertulia se encontraban personalidades  destacadas del toro en Venezuela, como el doctor Tobías Uribe, presidente de la Peña Taurina Los Amigos del Toros y de la Asociación Venezolana de Aficionados Prácticos y el profesor César Dao Colina, gran amigo de Jorge Gutiérrez y que en el tiempo publicaría un libro de poesía muy hermoso, dedicado a su amigo y gran torero. 
Entre los contertulios  en el Bar Los Cuchilleros estaba un gran aficionado andaluz llamado Aurelio Brenes. Mejor conocido como "Piquito".


AHIJADO DE MANOLO MARTÍNEZ

 Fue la época cuando Alfredo Gómez “Brillante” y Jorge Gutiérrez llegaron a Caracas, “Piquito” era propietario del Bar Sport. Sitio de reunión de los taurinos muy antiguo en la vieja Caracas, situado a un costado de la Basílica de Santa Teresa y que mira de frente la estatua del norteamericano Henry Clay, considerado por algunos como el gran americanista, aunque hoy los radicales lo califican de Judas.
Era el Sport hospedaje, bar, restaurante y sitio para  tertulia y reuniones de los Bienvenida, que vivieron a pocos a pocos metros de la Pensión de La Gaona que  más tarde  en el decenio de los años cuarenta hospedaría toreros como Raúl Acha "Rovira" y su fraternal amigo Gabriel Alonso "El Cagancho Rubio”.


PADRINO DE JOSÉ TOMÁS


Alfredo y Jorge,
entrañables en la amistad

Le llamaban "Piquito" a don Aurelio, porque había hecho una fortuna vendiendo pan de piquito por las calles de Caracas. En España, los llaman palitroques y, de estas varitas de pan salado, surge la metáfora para referirse a  las banderillas. Hombre agradecido Aurelio Brenes y por generoso le abrió las puertas de su casa a los dos novilleros mexicanos, Alfredo Gómez y Jorge Gutiérrez, que comenzaban sus andanzas sudamericanas.  Alfredo ya con cartel y Jorge balbuceante en la profesión.


DOS AMIGOS QUE EN VENEZUELA SEMBRARON MUCHAS AMISTADES








Recordaba  "Piquito" que el gusto por el picante era tan exagerado que por comida Alfredo y Jorge consumían un frasco de Tabasco. –Me sale más económico el cocido que el Tabasco, decía muerto de la risa el muy apreciado Aurelio.
Cuando Jorge vino a Venezuela lo hizo recomendado por Curro Leal. Era la época cuando Leal iniciaba su aventura venezolana,  la que realizó  con éxito. Curro trenzó amistad con Alejandro Mondría, por esos días segundo de abordo en la ganadería de Guayabita, dada su amistad con el ganadero Luis Morales Ballestrasi.  Fue Curro Leal representante en México de Roberto Marubini, que crecía como empresario y organizador de eventos taurinos.
Jorge apenas habría toreado dos o tres festejos en México y llegaba a Caracas gracias a la influencia del matador de toros Jaime Rangel. El impacto de Jorge Gutiérrez en Caracas fue importante, tanto que  se convirtió de inmediato en la figura de los novilleros. Se presentó en el Nuevo Circo junto a Sánchez Cáceres y Gilesillo con novillos de Dosgutiérrez. Se le vio al de Hidalgo desenvuelto, creativo, valeroso y con un mensaje fresco convirtiéndose en sostén de la temporada.
Gutiérrez y “El Brillante” que tenía cartel de figura desde su presentación en Caracas con novillos de Las Mercedes, vivían en un apartamento de las Residencias Anauco en Parque Central. Un grupo residencial que pertenecía al Hilton y que Marubini alquiló para alojar los toreros contratados. Roberto siempre ha tenido ideas renovadoras, de alcances positivos.
Los jóvenes mexicanos, oportuno señalar que no se conocían en su tierra, hicieron que entre ellos naciera una gran amistad y, a diario, iban a entrenar al parque de Los Caobos. Espacio abierto adherido Parque Central y utilizado por los toreros para sus entrenamientos en las mañanas.
Cuando Jorge Gutiérrez se presentó en Caracas, apenas tenía experiencia de cuatro o cinco novilladas, y fue tan grata la impresión que dejó en sus primeros lances, que alborotó a la afición y hasta de le comparaban con Manolo Martínez.  Venezuela le sirvió para su formación, dada la competencia que el hidalguense encontró nuestras arenas. Por estos lares estaban sus paisanos Gilberto Ruiz Torres con gran cartel, Arturo Magaña listo ara la alternativa, Adolfo Guzmán que en Maracay era “El rey, su compadre Alfredo Gómez y venezolanos que apretaban muy fuerte como “Morenito de Maracay”, Pepe Luis Núñez, Rayito, Jesús Salermi y una baraja de muy buenos toreros colombianos que “también cantaban rancheras”.
Con el tiempo Gutiérrez se convertiría auténtico maestro del toreo. Como artista desarrolló autenticidad en su personalidad. Evolución de la que con fortuna fuimos testigos en diversos escenarios con sus actuaciones en la Plaza México donde Jorge Gutiérrez se convertiría en un torero consentido por aquella afición.
En España  Gutiérrez toreó más de 30 corridas desde que confirmara su alternativa con la terrorífica corrida de Celestino Cuadri  en la Monumental de Las Ventas en  presencia de dos figurones del toreo como registra la historia grande del toreo y que fueron Antonio Chenel “Antoñete” y Manolo Vázquez. Le vimos una tarde en Burgos con los toros de Manolo González, junto a dos "monstruos" que por su grandeza han sido El Capea y Espartaco. Gutiérrez no fue de paseo a España. Desde que pisó arena íbera el de Tula tuvo una actitud digna y muy profesional. Si Madrid fue un Rubicón lleno de trampas, Bilbao no se quedó atrás. España toda le clavó divisas de terror como si fueran banderillas: Conde de la Corte, en Madrid como en Bilbao, y en Madrid también los de Celestino Cuadri y la inolvidable corrida de los Moreno Silva la tarde de la horrible cornada a Curro Vázquez, cuando en el Sanatorio amanecimos junto a Jaime Rangel y Enrique Bernedo “Bojilla” esperando lo peor para el gran torero rubio de Linares.
Queridos personajes surgieron siempre en el camino de la amistad con Jorge Gutiérrez. Su suegro, José Ramón Villasante, padre de su encantadora esposa María Isabel de Villasante  en inolvidables tardes de tertulia junto a Jorge Cuesta y Laura Herbert de Villasante, su gran admiradora. En México, aquellas comidas entre grandes y muy apreciados amigos organizadas por Chucho Arroyo, junto a quien compartimos en Caracas una tarde de triunfo celebrada en El Punta Grill de Las Mercedes, tarde en la que realizó una grandiosa faena Jorge ante un toro de José Julián Llaguno.
Jorge Gutiérrez, hace poco, en la Santa María de Querétaro  luego de siete temporadas sin pisar una arena taurina, sin desplegar un capote o agarrar una muleta, estuvo inmenso en el festival homenaje a su apreciado amigo Jorge San Román "El Queretano".
De corazón se preparó Jorge Gutiérrez para ese evento. Estoy seguro de lo que significó. Un compromiso de vida en compañía de su fraterno amigo Alfredo Gómez “Brillante” quien dobló su contrato de obligaciones, y lo acompañó en su preparación por los tentaderos de los ganaderos amigos.
De Jorge Gutiérrez, en lo personal, recordaremos su verticalidad en la amistad. Varias fueron las reuniones con él varias oportunidades en Querétaro y Juriquilla, una de ellas en casa del ganadero y amigo Carlos Castañeda junto al ganadero Antonio de Haro y los matadores de toros Rafael García, Erick Cortéz y Martínez Vertiz. Otras en México y Venezuela, ya fuera en Caracas, San Cristóbal, Valencia, Maracay, Barquisimeto o Maracaibo que fueron sitios donde su toreo, honesta entrega y exquisita expresión regaron de goce estético los corazones de los mejores aficionados…Inolvidable aquel viaje a Burgos en compañía del matador Jaime Rangel. Tarde que le acompañaron en el cartel dos toreros históricos: su padrino Antonio Chenel “Antoñete” y José Cubero Sánchez “El Yiyo” … Chenel reaparecía y ocupaba la cima, Yiyo aparecía prometiendo ser primera figura.
Fue aquella una gran tarde de Jorge Gutiérrez, en medio de dos históricos del toreo surgió como un auténtico Gigante de Tula al que hoy recordamos  en las postales de sus triunfos que llevamos tatuados en nuestras retinas y al que desde esta Caracas de su gran triunfo aquella tarde junto a Emilio Muñoz y una gran corrida de José Julián Llaguno recordamos a amigo, al compañero de viajes y muy en especial a la gran figura taurina que supo labrar en nuestro corazón con trazos profundos nuestro amor por México.


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