NO SON RUIDOS,
SON COLORES DEL TOREO
LOS QUE LE DAN VIDA A LA PLAZA
EL VITO
La plaza México, como ocurre
con los grandes escenarios en el mundo del espectáculo, tiene voz propia. No me refiero al impresionante
“Ole” cuando la muy buena banda de música de la plaza inicia “Cielo Andaluz”.
No, me refiero a la voz que ocultan con su monserga los relatores de la corrida
durante el espectáculo, como si transmitieran para ciegos. Me refiero a la insistencia en describir lo evidente, lo que el televidente está viendo en su
televisor. La imposición sucede desde el paseíllo, desde el momento que parten
plaza impidiendo las vibrantes nota del pasodoble hasta que, ya agotados los
telespectadores, los despiden al final
de la transmisión.
Ayer fue terrible la invasión
al derecho que tiene el televidente de llevar el pulso de la corrida, con la
caterva de comentarios a destiempo con la que rellenaron la transmisión de la corrida.
Insoportable, no cabe duda, e incomprensible cuando sabemos que México sentó cátedra en la transmisión de las corridas de toros con catedráticos como Pepe Alameda, Paco Malgesto, Pepe Molero, por nombrar unos pocos que supieron manejar esos espacios en los que el rumor, el óle, la rechifla, la ovación, la ocurrencia del pelado, ¡los silencios! , la música, la voz de los toreros en el cite, el alerta del subalternos.
Han sido muchos, y muy buenos los relatores mexicanos cuya enseñanza sería criminal se perdiera en la hojarasca que se acumula en una transmisión cuando simplemente se habla por hablar y no por compendiar un hermoso, variado y muy rico espectáculo como lo es, lo ha sido y será una corrida de toros.
Insoportable, no cabe duda, e incomprensible cuando sabemos que México sentó cátedra en la transmisión de las corridas de toros con catedráticos como Pepe Alameda, Paco Malgesto, Pepe Molero, por nombrar unos pocos que supieron manejar esos espacios en los que el rumor, el óle, la rechifla, la ovación, la ocurrencia del pelado, ¡los silencios! , la música, la voz de los toreros en el cite, el alerta del subalternos.
Han sido muchos, y muy buenos los relatores mexicanos cuya enseñanza sería criminal se perdiera en la hojarasca que se acumula en una transmisión cuando simplemente se habla por hablar y no por compendiar un hermoso, variado y muy rico espectáculo como lo es, lo ha sido y será una corrida de toros.
No sólo México tuvo grandes
en los micrófonos, y los tiene no tengo la menor duda, acá en Venezuela tuvimos
un maestro universalmente reconocido como fue Federico Núñez; y en España, sin
irnos a los días del blanco y negro, del muy ilustrativo y culto Matías Pratts,
en el color tenemos a Campos de España, Joaquín Gordillo, Fernando Fernández Román pero … son tantos y tantos los yerros y las invasiones a los
derechos que se le invaden al telespectador, que provoca enojo repita y repitan
de domingo a domingo pavada y pavada.
Fue la del domingo una corrida
riquísima en situaciones, variadas y diversas como la de la actuación de “El
Payo” que, viéndole en su primer toro, creí entender el porqué no viaja en el
tranvía que le preparó en nunca bien ponderado grupo de Tauromagia a El Payo lo mismo que a a otros jóvenes que
nos hicieron creer en una generación muy rica de toreros mexicanos. Viéndole
insípido e irresoluto entendí, por qué no
aparece en el escalafón de figuras del toreo o de toreros importantes. Aunque
luego, con el “toro artista” de Teófilo, me pregunté cómo quien es capaz de
torear a la verónica de esa manera, no está en un rango superior del escalafón taurino
en la temporada europea …
¿Qué agobia a Joselito Adame?
El torero, no hay duda, arrastra una cobija de pesares; pero, lo peor, es que
apunta a sí mismo como el culpable de lo que le embarga. Lo noté marchito.
Incapaz de soportar la carga de responsabilidad histórica que han depositado
sobre sus hombros.
Lo de Hernández Gárate, el
rejoneador, es un atrevimiento. Sí, atreverse a salir a corretear por los terrenos de un revolucionario del toreo a
caballo como Hermoso de Mendoza es ser muy atrevido.
¡Y Ponce!
Insiste un amigo en
calificarle a Enrique Ponce de “figurín”. ¡Blasfemia! Estamos, no cabe duda,
ante una figura de rango histórico, torero de amplitud infinita en el espectro
del arte y de la técnica tal como lo confirman los escenarios de la fiesta que
abarcan extensos territorios que ocupan toda Europa taurino y en América
abrazan desde Acho en Lima como México en su Monumental. Los que le vieron en
la plaza, lo recordarán a Enrique Ponce
de por vida, los que seguimos por la televisión tendremos que ahogar el
inadecuado relato y conformarnos con la imagen de un Maestro del toreo.
Hasta luego, amables y
pacientes lectores, espero con ilusión la tarde del próximo domingo porque ese
regalo de la TV de México que nos da cada semana a los venezolanos es de
agradecer porque nos llena de ilusión la agreste nación que la ignominia ha
convertido en Campo de Concentración. ¡Gracias México!

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