Derechazo de Saldivar a “Enamorado”
de La Joya.
Al borde del colapso, el cartel
juvenil de Sánchez, Saldívar y Silveti vuelve a las
andadas vividas en Provincia el año pasado pero esta vez contando con tres
toros de plenas opciones para el triunfo de La Joya. En pleno agotamiento Diego
Silveti encuentra de nuevo otro toro bravo, el segundo en esta Temporada,
sin que llegue el triunfo o la esperanza. Con un lote de amplio talante Arturo
Saldívar suma solitaria oreja mientras que Juan Pablo Sánchez acarrea
preocupante letargo sumado a la pésima suerte de estrellarse con dos inválidos.
Luis Eduardo Maya Lora –
De
SOL Y SOMBRA.
Sopla el viento y el frío llega en
audible espiral que hace prever que la tarde en La México añade una
circunstancia adicional con la cual lidiar. Se es torero, se es aficionado para
eso y más.
Decía “Don Dificultades”,
realmente no se fabrican toreros, se fabrican idolillos.
Así, el cartel juvenil de la
convergente inicial del apellido de cada actuante queda en el solitario tercio
de aforo, a fuerza la gente a la Plaza no entra. Aun contando con un encierro
atractivo, el encaste español de La Joya. Lo extraño es que se “cuela”
un toro con el hierro de El Junco, el tercero. Su altura y feo tipo, su
expresa falta de fuerza y casta, hacen que el brindis general y la esperanza en
Diego Silveti dure un suspiro.
Se cae la Fiesta cuando el cuarto, el
42, negro y alto, larguísimo y astiagudo, derrumba el temple de Juan Pablo
Sánchez que no es suficiente para mantenerle en pie. Desespera el
hidrocálido que, a sabiendas que el burel es débil y está descoordinado,
comienza doblándose y luego al perder pasos tocar tan brusca y
desasosegadamente que el burel se rinde… y lo apuntillan. Sánchez
regalaría aun uno más débil.
Silencio y aburrición en dos turnos
que parecen llevar la tarde a pique.
El inicio y el final de la corrida
hace ver a esos turnos intermedios como un valle donde la ganadería ha podido
levantarse. Anunciados casi todos como cinqueños, comienzan con un castaño,
serio por delante, acaramelado, algo destragado, con el que Sánchez se
entiende a la verónica, aun con ese paso atrás y la punta de la pierna de
recibo levantada, el hidrocálido baja las manos y se gusta en el remate en los
medios.
La inyección de “Nono” Cobos
vislumbra que el temple del torero debe resanar esfuerzos, cuidar al burel que
declina, conste que Alejandro Prado sostiene con alfileres el segundo
tercio y que Campos se templa para saludar tras banderillas. Y Juan
Pablo que inicia arriba trata de impedir que se esfume la fuerza de “Flor
de Loto” que anuncia una ya evidente flojedad.
El temple es lo que a al toro bravo
torna en noble, al manso en bravo y al débil le hace recuperar fuerza, lo que
encela y, muchas veces, elimina el calamocheo o la forma de puntear el engaño,
como pudo ser este caso. El diestro hidrocálido lo consigue por momentos, pero
el remate de los muletazos, salvo la primera tanda, es irregular.
Lo mismo con la izquierda, a veces le
alcanza la muleta al final y esto condiciona.
Pese al sabor y empaque de sus
derechazos la obra queda en armazón, no en la rotundidad suficiente que demanda
la Plaza México que no perdona el enganchón al final de cada pase al inicial
temple. Más, cuando Sánchez pincha. Todo queda en saludos en el tercio.
Entonces, el oscuro castaño,
aldinegro de capa y astisucio de cuerna, de intrigante misterio, trae consigo
dureza, pelea y amenaza al deshacer el remate de la larga cambiada con la que Arturo
Saldívar le saluda. No puede Saldívar lancear con gusto,
apuradamente remata y Carlos Domínguez Márquez señala nueva inyección
que pone en duda si, acaso, hace falta un segundo encuentro.
Que incluso en banderillas se siente
que aprieta el astado.
Así, Saldívar tira del toreo
por alto, consiente y el toro vuelve pronto al grado que le obliga a perder
pasos justo cuando le enganchan y sopla el viento, muy fuerte quizá. Opta por
el tercio. Ahí crece con la derecha en un momento en que se queda quieto. Luego
por izquierda corre la mano y la gente responde pero no repite, se va a los
adentros y casi termina entablerado con la mano derecha a lado de matadores.
Optando por el toma y daca, Saldívar
emociona pero no cautiva. Vuelve al arrebato y olvida que su izquierda parece
dictarle al toro el camino. Cambia naturales por dosantinas alguna enganchada,
más valor que temple, menos serenidad y mucho afán. Así las cosas el pinchazo
enfría la euforia.
Tras el derrumbe de los turnos
intermedios, el encendido colorado ilumina la esperanza, incluso pese a su
extraño tranco que hace temer en algún momento que la lo del cuarto se
repetirá. Más cuando dobla contrario en varas y trata de huir, no obstante,
mete la cara cuando le para la cuadrilla. Saldívar, consciente de esto
consiente por chicuelinas y gira airoso para con serenidad rematar con hermosa
y lucida rebolera.
Y el toro crece.
Justo cuando la concurrencia dicta el
veredicto al encierro y la impaciencia crece, el colorado aprieta a Diego
Martínez, incapaz de bregar largo y produce salida al tercio de Gabriel
Luna que alborota más el ambiente. Siempre atento a la reacción de la
multitud que le impulsa, Arturo pega en los medios pase cambiado para
abrochar después con remate arriba del que “Enamorado” sale descolgado
en aptitud a embestir.
Entonces, la distancia, la emoción
del viaje del toro hace que Saldívar, dando y brindando sitio, el cite
de largo, hermoso embarque y la tanda con la derecha sean de escándalo. Toda la
aurora roja del burel gira entre el mar nocturno de la seda e iluminado por la
plata del bordado, cerrado al fuego del cambio de mano y el pase de pecho
rotundo y grana como su corbatín y faja.
Ahí queda el toreo con la derecha, a
compás desgranado, lo mejor de la faena.
Pero tras nueva arrancada de tercio a
tercio, con el viento que sopla, Arturo Saldívar tira luego de
correr la mano con la derecha, del efecto especial de la capetillina en
el comienzo del declive artístico de la faena. Porque a pitón izquierdo, con el
viento, en los medios, tremendo en su tranco y largo en su vuelta rebasan, hay
que decirlo, la intención de mandar del hidrocálido que insiste hasta el
hartazgo con la derecha que resiente el astado, la brusquedad y la intromisión
en su terreno.
Aun en la siguiente tanda donde aun
con la derecha deja el trapo puesto y liga. Pero invade Saldívar el
terreno en lo corto, sin poder ligar al natural. La gente se alborota, sí se
suelta el pelo. Pero queda la duda de haber visto esta faena en los medios, con
la izquierda y sin viento, que entre tantas “S” se les olvida la “Z”…
La de cobrar.
Que no llega, el toro que pierde
tranco no temple entrelazado en derechazos y nueva capetillina previo a, otra
vez, cambiar el pase fundamental por las dosantinas y la gente revienta. Las
joselillinas, emocionantes, dejan al toro servido, pero elige la suerte
contraria y el doble pinchazo. A toro descolgado, detalle genial, sin muleta
liada, descabella y la oreja justa… sabe a poco.
Nótese el gesto de Arturo.
Miradas que dicen todo.
Arrastre lento, muy despacio, alto en
ovación y digno en recuerdo. Faena de oreja, toro de dos.
Y queda el jabonero, a lo Rómulo
Gallegos, “Cantaclaro” lo han llamado, “¿Quién se atreve a
replicar?” El llamado lo toma Diego Silveti y solo alcanza a recortar de
modo genuflexo sin parar del todo al claro astado al que el puyazo prolongado,
enciende.
En la brega Diego Bricio trata
de mandar sobre el toro pero este aflora su casta. Christian Sánchez
pasa en falso, le festejan, y aun tocado lados clava para que sea ovacionado,
incluso pese a una salida accidentada de la suerte, las palmas se baten y dejan
la cosa caliente previo a que Silveti tome el centro del ruedo y trace a
la larga distancia el derechazo que alborota de inicio pero…
Conforme pasa la faena, el toro que
se atempera por los muletazos iniciales y el torero que no alcanza a imponerse
con su brazo tan atado, no llega la imposición de ritmo, la creación de formas,
la plena armonía. Solo decir que al natural, una suerte en la que Silveti
no ha progresado, el jabonero se queda con mucho que torear y sobre todo
estrellado con su mala suerte.
Basta ver la muleta embarullada entre
pase y pase, que no se cuadra. Y no más.
La “S” real del cierre ha sido la
herrada en el costado derecho del jabonero, la simiente. Que no miente y que
sentencia la realidad, donde no basta nombrarse. Ni tampoco un poco de
mercadología.
Porque el arte más que un decir es un
hacer.
Una sentencia los toros siempre ponen
a prueba.
Y que muchas veces en la sentencia,
condenan.
Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande
2013-2014. Domingo, Enero 19 de 2014. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Un
tercio de Plaza en tarde fría con viento muy molesto para la lidia en diversos
compases, algunos fundamentales, de la lidia.
7 Toros, 6 de La Joya (Divisa
Turquesa, Amarillo y Blanco) el tercero con el hierro de El Junco.
Variopinta y dispareja de hechuras, varios con seriedad en sus cabezas.
Inutilizado el cuarto tras descoordinarse por completo y echarse, bravo en el
último tercio el colorado quinto, con casta y poder es su embestida, así como
el jabonero sucio sexto, con nobleza y recorrido por ambos pitones. El tercero,
áspero y fiero tuvo emoción desde salida. Débil aunque noble el primero, puntea
en el último tercio. Terrible el tercero, sin casta ni fuerza, Inutilizado el
cuarto en el último tercio. Y uno de Vistahermosa (Divisa Guinda, Oro y
Blanco) lidiado como sobrero de regalo, chico y con cabeza, débil y sin mayor
fondo bravo.
Los lidiados en quinto y sexto turnos
fueron homenajeados con el Arrastre Lento.
Juan Pablo Sánchez (Teja y Oro) Fuerte Ovación con Saludos, Silencio tras inutilizarse el
cuarto y Silencio en el de Regalo. Arturo Saldívar (Azul Marino y Plata)
Ovación con Saludos en el Tercio y Oreja protestada. Diego Silveti (Verde
Manzana y Oro) Silencio y Silencio.
A la brega destacaron Gustavo Campos.
Saludan Gabriel Luna y Christian Sánchez tras banderillear.

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