Pablo y Oscar Martínez Labiano, los hijos de Manuel Martínez Flamerique "Chopera" fotografiados por "Cano" al arribar a Maiquetía, Venezuela.
Concluida recientemente la semana Grande de Bilbao, sus corridas fueron motivo de análisis en los diversos medios. Algunos exaltaron los valores taurinos de la dinastía Chopera. Familia valiosa en la historia de la Tauromaquia Universal
ligada al espectáculo taurino desde el año 1920 cuando el primer Chopera, don Severino Martínez hizo contacto con el toreo como espectáculo iniciándose en el negocio de los caballos cuando estos no tenían peto.
Llegó la hora de cambiar cuando el general Primo de Rivera impuso el peto, imposición revolucionaria que cambió elnegocio y el espectáculo de las corridas de toros.
Don Severiano, Chopera en la organización de festejos y su hijo, Pablo Martínez Elizondo tomaron las riendas del negocio organizando la primera corrida de toros de la empresa en Pamplona, año de 1933.
A noventa años de aquellos acontecimientos han de conmemorarse la próxima temporada La dinastía de los Chopera se ha extendido por Francia taurina y plazas del norte de España. Gran parte de la América Taurina y en cada rincón el anclaje de la dinastía se profundizó con los Martínez Elizondo don Pablo, padre de Manolo y de Jesús quienes colocaron el nombre “Chopera” en lo más alto de la historia del toreo.
Manuel Chopera (1927-2003), fue casi medio siglo el mejor empresario de toros del mundo. Relanzó las plazas francesas de Bayona, Mont de Marsan, Tolousse, entre otras.
Bilbao, Logroño, Salamanca y Almería fueron ferias organizadas por Manolo durante décadas.
Su poder se extendió a toda la América taurina llevando todas las plazas de México, Colombia, Venezuela organizando ferias, temporadas y fundando ganaderías con el poder ejercico con el apoderamiento de El Cordobés, Paco Camino, Antonio Ordoñez o Antoñete.
Manolo Chopera abrió sobre el tapete del negocio taurino el trío de ases que respetó como hombre, hizo respetar espetar como taurino e impuso comoempresario de toros y ganadero: afición desmedida, el trabajo duro y la seriedad.
En base de ese trío contrató toreros y ganaderos. Una inteligencia sobresaliente y unos modales sencillode aquel hombre que era el primero en llegar a la plaza y el último en irse. Se metía en los corrales para el manejo de toros y a la vez atendía a todos los compromisos sin descanso para que todo el personal estuviese a gusto.
En 1981, cuando la Monumental de Madrid, la Plaza de Las Ventas vivía el peor momento de su historia Manolo Chopera desembarcó en Las Ventas de Madrid.
Influyó en el éxito de su gestión en Madrid a la integración de un de un gran equipo de trabajo, apoyándose como apoderado de grandes figuras del toreo y haberse ganado la confianza de importantes ganaderos de primera línea.
Su relación con Luis Álvarez fue muy importante. El número de abonados subió de cuatro mil a veinte mil. Cambió radicalmente tradiciones que tenían que ver con la red comunicacional de los festejos, la feria de San Isidro, la Feria de Oroño, corridas importantes gracias a que siempre tuvo como el más importante criterio el de la opinión del aficionado. Fue siempre una meta atraer y satisfacer al aficionado, al abonado.
Madrid volvió a ser el eje del toreo y su importancia como plaza de referencia se debe en gran parte a los años de la Casa Chopera en Las Ventas. Volvió la seriedad que impuso en su día don Livinio Stuyck con el toro íntegro, el torero atractivo y cumplimiento en las ofertas.
Manuel Martínez, nieto de Manolo Chopera y Pablo Matínez Labiano, hijo de Manolo Chopera en los escaños de la Plaza de Toros de Vista Alegre, Bilbao, frente a la arena testimonio de importantes capítulos de la historia grande del toreo.
Su gran proyecto fue devolver a San Sebastián, la plaza que habia perdido en los 70. Idea que le rondaba y le obsesionaba desde que El Chofre fue derribado tras un oscuro movimiento ventajista de un advenedizo. De un plumazo desapareció una de las plazas con mayor categoria de España. El sueño de Manolo Chopera se hizo realidad en 1998, fuimos testigos de este acontecimiento histórico con Sebsyián González. Fue cuando inauguró el moderno coso de Illumbe que reunió a la dinastía en Donosti, aquellos días muy susceptibles a la dificil situación politica que provocaba el desmembramiento de la España eterna.
El esfuerzo económico de reinversión y de luchas con los políticos de turno tuvo el premio de una nueva plaza en Donosti. Volvían los toros a La Bella Easo gracias a un romántico aficionado, Manolo Chopera, que se dejó parte de su gran patrimonio en la construcción.
Manuel Martínez Flamarique dejó un magnífico legado a sus hijos Oscar y Pablo; además del ejemplo de vida y vocación por la tauromaquia.
La marca CHOPERA funciona en quinta generación que sigue los pasos del gran señor empresario irrepetible e inolvidable que debe ser espejo de sus descendientes y de cualquiera que se dedique a este menester.
En Venezuela, donde cultivó amistad y sembró la fiesta destaca la ganadería de Tierra Blanca fundada a finales de los años sesenta por Manuel Martínez Flamarique, en sociedad con Sebastián González Regalado.
Sangre de Santa Coloma, Tierra Blanca, toros que lidió con divisa purísima y tabaco con antigüedad del 16 de julio de 1972.
Manolo Chopera fue el empresario más importante en América por la cobertura de su dominio en los años sesenta. Dominó el negocio taurino desde Lima hasta la Baja California en México. Tuvo por meta sembrar el toreo en toda la ruta que va desde las costas del Pacífico en el norte de México y Sudamérica, el mar Caribe y el Golfo de México. En Venezuela fue empresario del Nuevo Circo de Caracas, la Maestranza de Maracay, Plaza de Toros Monumental de Valencia, La Chata de Patarata en Barquisimeto, la Monumental Román Eduardo Sandia en Mérida y la Plaza de Toros Monumental de Pueblo Nuevo en San Cristóbal.
Su talón de Aquiles estaba en la falta de la materia prima: el toro.
No había ganaderías de lidia capaces de satisfacer la demanda y la salud del espectáculo dependía de la voluntad de los ganaderos mexicanos y colombianos posibles de satisfacer las necesidades del tamdem Chopera – González que organizaba cerca de medio centenar de festejos al año en plazas de Venezuela.
Espectáculos todos con reses importadas.
Al alba de los sesenta comenzaban a sembrarse ganaderías en Venezuela. Se rescató la prócer divisa de Guayabita ( Pallarés del Sors, 1933) y con vacas de Guayabita y sementales de González Piedrahita y Francisco García (‘santacolomas’ de Colombia) se fundó Los Aránguez, en los áridos y calientes valles de Carora, en el estado Lara.
El vertiginoso crecimiento del negocio taurino en Venezuela era mucho más acelerado de lo esperado. Se construían plazas de toros monumentales, con gran capacidad como las de San Cristóbal y Valencia – más de veinte mil espectadores-, Mérida y Maracaibo, – quince mil puestos – y la espada de Damocles del toreo venezolano continuaba en manos de la voluntad de la Asociación de Criadores de Toros de México que imponían espadas en los carteles y hasta divisas.
Manolo Chopera se asoció en una finca en el estado Barinas, con Paco Regalado, en región de tierras llanas que se incorpora al llano deslizándose por las faldas del piedemonte andino.
La finca tuvo la función y propósito de crear un reservorio de toros. Una caja de ahorros a lo que echar mano, en caso que faltara alguna res en una corrida. El trabajo en Barinas entusiasmo a Manolo Chopera, como se entusiasma la mayoría de los españoles a los que les entra por la piel el mal del trópico. Manolo Chopera retó las circunstancias ambientales, tan distintas a las de Europa para hacerse ganadero en el trópico americano. Además, tanto Chopera como Sebastián sentían a Venezuela como prolongación de su tierra. Sebastián sembró familia y creó fuentes de trabajo muy importantes.
Al principio fue a México y con el contacto de Ángel Procuna que para la época tenía credenciales como representante de algunos ganaderos mexicanos adquirió reses de Torrecilla y un semental de esta misma vacada de Llaguno. La dura realidad fue que hubo un timo, que no le dieron ganado de calidad del encaste Llaguno. Chopera inmediatamente rectificó y compró en la vecina Colombia vacas a Ernesto González Caicedo, procedentes de la ganadería de Las Mercedes, la célebre ganadería que fundara el doctor González Piedrahita.
En 1973, un grupo de ganaderos venezolanos importó ganado bravo español y portugués. Se trataba de un grupo integrado por los señores Marcos Branger, de Tarapío y en aquella época presidente de la Asociación Venezolana de Criadores de Toros de Lidia, Luis Morales Ballestrasi, ganadero de Guayabita, Alberto Ramírez Avendaño y los hermanos Riera Zubillaga, de Los Aránguez, Elías Acosta Hermoso y José de Jesús Vallenilla Calcaño, de Bella Vista y ellos, los propietarios de Tierra Blanca, Manuel Martínez Flamarique y Sebastián González Regalado que adquirieron de Joaquín Buendía cuatro vacas santacolomeñas y otras cinco del mismo encaste a don Francisco Camino Sánchez.
Chopera le compró a don Joaquín Buendía los toros Pregonero, número 23 y Secretario, número 2. Más tarde fue tentado un novillo nacido en Venezuela, que vino en vientre, con el nombre de Cervecero.
La ganadería, habíamos dicho, se había fundado en los llanos de Barinas pero, al comprar Tierra Blanca, el ganado mexicano se trasladó a los valles de Aragua, cerca de la población de Villa de Cura.
Ya para 1974 ocurre el tercer traslado del ganado, a los potreros de Falcón en Mirimire, que es cuando se incorpora a la sociedad Óscar Aguerrevere Vegas, muy ligado al negocio de la aviación comercial.
Sebastián González Regalado fue hombre de confianza de Manolo Chopera en la sociedad empresarial. Junto al donostiarra administró las plazas y las temporadas de San Cristóbal, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Maracay y en especial Caracas, su plaza del Nuevo Circo que vivió los momentos estelares de su casi centenaria historia bajo la conducción de don Manuel Martínez Elizondo “Chopera” y de Sebastián González Regalado.
La ganadería de Tierra Blanca hizo su presentación formal el 16 de julio en Caracas, en una novillada con Gonzalo de Gregorio, Freddy Girón y Paco Varela, presentándose en corridas de toros en la Monumental de Mérida, el 10 de febrero de 1975 con: Efraín Girón, Palomo Linares y Eloy Cavazos. Aquella tarde Girón lidió soberbiamente a Larito, toro de bandera al que le cortó una oreja. Larito recibió el premio como el toro más completo de la Feria del Sol de 1975, primer galardón importante para la ganadería.
Otros toros famosos han sido Roedor, lidiado por Morenito de Maracay en 1980; Veleto, triunfador en la Corrida Concurso de Ganaderías y lidiado por Morenito en Maracay en el 50 aniversario de la plaza; Jumbo, indultado en Maracay en 1983 por Carlos Rodríguez, El Mito y más tarde semental con importante descendencia; Bravío, al que Nimeño II le cortó el rabo en Mérida en 1987; Zapatero, lidiado por Tomás Campuzano, ganador de todos los premios de Maracaibo en 1988, y más recientemente Aguacate, toro de bandera indultado por Alejandro Silveti en 1997 en el Nuevo Circo de Caracas.
La ganadería de Tierra Blanca en manos de Sebastián González y de Oscar Aguerrevere, ya Manolo Chopera fuera de la sociedad, se asoció con Orlando Echenagucia con el propósito de experimentar un proyecto de trasladar a la sierra andina los machos. Las vacas pastarían en tierras cálidas de los llanos de Apure en el occidente venezolano, y los añojos iban a ser trasladados a los páramos en el Rincón de los Toros. Montañas a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar, donde las reses de lidia en el trópico crecen sin los serios inconvenientes de las reses que lo hacen a cotas de menor altitud.
Es decir, sin el acoso de la garrapata, las enfermedades de las sabanas, la mosca, etcétera. Era Tierra Blanca para Manolo Chopera el último bastión en tierra americana, fueron sus toros las naves que le motivaban cruzar el charco. Quien por muchos años y en muchos palacios fuera el emperador del toreo americano, ha dicho adiós a su última propiedad.
En pleno esbozo del proyecto murió Sebastián González, y pudimos ver lidiar en Valencia, en un festival, un par productos de lo que pretendía ser un ambicioso experimento.
No pasó nada. Todo aquello desapareció entre sueños e intentos, sin el motor que le movía como fue Don Sebas, el amigo de Garachico.



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