Luque crece, y con él la defensa de la fiesta
En Dax, hemos disfrutado una corrida de toros en toda su intensidad. Se reunieron los elementos fundamentales del toreo, en la ciudad de las Landas de Alquitania: toros con magnífica presencia y actitud; los toros del Puerto de San Lorenzo, descendientes en linea directa del encaste Conde de la Corte y Atanasio Fernández.
Luego, tres matadores de toros de inobjetable actitud en su entrega y sentido profesional.
Además el marco en una bella plaza. de un público entendido y comprensivo, comprensión y entendimiento que impone la dirección de una autoridad conocedora de sus obligaciones, dejando de lado los excesos evitando el pichaque con sus equivocadas y ególatras actitudes que imponen aquellos sobre quienes reposa la responsabilidad del espectáculo.
Morante de la Puebla, Daniel Luque y José Ortega, cada uno abriéndose de capa, nos han brindado con una muy emocionante corrida de toros del Puerto de San Lorenzo; con tres las interpretaciones de la lidia, tres exposiciones del ate del toreo.
Distintas, diferentes y personales.
En la primera parte de la corrida sentimos el sollozo de la verónica: Morante quebrantándole el trazo al toro y rompiendo el esquema; Luque, hondo como un llanto y, Ortega, descubriendo de la entraña de la arena su despacioso y lento lance las partículas que integran el poso del toreo al través de los siglos.
Cada lance, una leyenda; cada toro una historia.
Con Morante agigantándose, crece nuestra admiración por su maestría. Su segundo toro fue además de muy complejo, o complicado si prefiere usted amable lector, fue inagotable.
Toro sobrado de vigor infatigable; sin lograr doblegar a Morante que siempre se impuso y que, de no haberse prolongado el tránsito de la muerte del toro, es muy posible que le otorgaran la oreja.
Sin importancia, la aclamación lo tapó a la equivocación.
José Ortega volvió a ser el torero descubierto en Linares, el espada que vende a precio de oro sus verónicas, y que envuelve los lances en percal y sus pases en seda, como ocurrió esta tarde ante el toro del Puerto que empalmó la calma mezclándola con el temple de su muleta abriéndonos la esperanza de un torero que abrirá el torear suave y templado, imponiéndose un fulminante dominio.
Y en tercer lugar, el primero en el triunfo de esta tarde: Daniel Luque. Paciente torero de Gerena, ha de cobrar por la virtud de saber esperar su conquista, la de la posesión del fervor de las grandes multitudes en las plazas importantes de Francia.
Lo comparan, y lo hacen con fundamento, con con el bogotano César Rincón y el sanluqueño Paco Ojeda
Luque ha demorado en el pulso, pero les digo que llegó para quedarse en la cúspide del toreo impulsado por la ardiente lava que le empuja hacia la competencia con los grandes maestros del momento, entre ellos los jóvenes como Andrés Roca Rey o los veteranos como El Juli, unidos todos en un ramillete de ilusiones esperan por reivindicar la Fiesta de los Toros en el Mundo.
Ha sido el reencuentro con Dax, una concurrencia afortunada; coincidencia, con la grandeza vivida en el recuerdo del toreo.

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