domingo, 25 de septiembre de 2022

ES MUY DIFICIL OLVIDAR LA UNIÓN DE LO INVEROSIMIL CON LO NATURAL, EL TOREO DE MORANTE por Víctor José López EL VITO

 




Equilibrio de fondo y de forma , de contenido y continente es lo clásico.

Dominio en la materia para lograr una serena armonía es lo que ha logrado en este su año de jubileo Morante de la Puebla. 

Ayer, cuando el de La Puebla tomó el capote y con naturalidad se dirigió a las tablas donde el primer manso de la tarde se recostaba rabioso en busca de cobijo, evocó José Antonio con los recursos de su técnica casi un siglo de tauromaquia. 

Seis lances, aguantando los saltos y los brincos, no las embestidas, del toro de Juan Pedro Domecq. 

Parecía que Morante había salido de alguna de las rancias páginas del clásico tratado taurino de Sánchez de Neira.

Para ese momento el maestro de La Puebla estaba convencido que sí podía torear a un enemigo que no había permitido escarceos en el toreo de capa, hasta que le retó con la muleta comprendiendo que tampoco lo iba a permitir, el toro de Domecq,  aunque cien años de torera experiencia le acompañaran al espada maestro en su obra.

Al concluir la tarde, último festejo de la temporada, Ginés Marín y Pablo Aguado, dos toreros que sienten cercana la meta trazada en el apogeo de sus sueños, no serán capaces de entender que al paso de los días será el clásico contenido de las normas centenarias de Sánchez de Neira. 

Es que es mucho pedir que en cuatro días se olvide la faena inventada por Morante ante el difícil y complicado toro de Matilla, ligando lo inverosímil con lo natural. Es decir, fundiendo los elementos que expresan el arte de Morante  ... Inolvidables, aunque ayer Ginés y Pablo hayan intentado borrar lo tatuado en la arena de la Maestranza hace tres días cuando todo comenzó en San Miguel.


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