miércoles, 21 de septiembre de 2022

ANDRÉS ROCA REY CONTRATADO PARA SAN CRISTÓBAL Y MËRIDA: MISIÓN, RESCATAR LA AGOBIADA TAUROMAQUIA VENEZOLANA por Víctor José López EL VITO

 



Según don Carlos Salas en su magnífico libro Los toros en Venezuela, los toreros que provocaron desbordar pasiones antes de presentarse en Caracas fueron:

 Juan Belmonte y Manolete.


Relata el maestro que, cuando llega Juan Belmonte, año de 1918, en Caracas la fiesta de los toros apenas se apoyaba en las arenas del Circo Metropolitano. Se remataban los trabajos en la construcción del Nuevo Circo. Belmonte venía de Lima,  venía de triunfar en una plaza importante y ante una afición de mucha influencia en los caraqueños. 

Acho consagró al Pasmo de Triana, y Lima le quitó el corazón al trianero, un  corazón que latía enamorado cuando vino a Venezuela.

Vino Belmonte con un un jugoso contrato que cumplir, además oficializar su matrimonio con la señorita peruana Julia Cossío.

Cuenta don Carlos que Belmonte, que se residencio en Maracay en la casa que había sido de Alí Gómez, fallecido  víctima de la Gripe Española, visitó por encargo del presidente de la República, su amigo el General Juan Vicente Gómez, las obras de la construcción del Nuevo Circo. 

Los caraqueños, recibieron a Belmonte, como no lo habían hecho con otro visitante. 

Pasarían años para que los caraqueños se desbordaran como lo hicieron con El Pasmo de Triana.

 Lo harían con Rubito,  cuando llegó de Lima. Consagrado ante los caraqueños como figura del toreo. Años más tarde serían las plazas de Maracay y Caracas las que expresarían con exageración de multitud  la presencia de Manolete. El “monstruo” no vistió de luces en Caracas, solo actuó en un festival; pero los caraqueños no se permitirían no participar de la pasión que embargaba al mundo de los toros, un sentimiento con epicentro en México, de gran influencia entre los aficionados venezolanos formados con sus lecturas mexicanas, sus ídolos y más adelante sus toros.

Han venido muchas figuras del toreo que han sido  recibidas como héroes por la afición. Entre entre ellos, los tres grandes de la historia criolla: Eleazar Sananes, Rubito;  Luis Sánchez Diamante Negro;  y el torero más importante en la historia de la tauromaquia venezolana, César Girón. 

 

No será Caracas la que vibre con el anuncio de la contratación de la la primera figura de la tauromaquia universal, el torero más taquillero y más exigido en la actualidad, y no lo será porque Roca Rey ha sido contratado para las ferias de San Cristóbal, por la sociedad de Juan José Guerrero y Orlando Farho y en Mérida la empresa de los Hermanos Rodríguez Jáuregui.

Caracas, Maracay, Valencia, Barquisimeto, Maracaibo no existen en el firmamento taurino venezolano. La razzia antitaurina ha ido pulverizando ecenarios importantes. Históricos, muchos de ellos. Como San Cristóbal, Mérida y Maracaibo, construidos por la influencia de la pasión que en su día y su época despertó Manuel Benítez “El Cordobés”.


Con el maestro, amigo y gran ganadero Hugo Domingo Molina


 

Andrés Roca Rey, torero limeño  (21 de octubre de 1996) hijo de Fernando Roca Rey y hermano de Fernando,  matador de toros, con un tío rejoneador y primos y parientes aficionados prácticos tiene dos presentaciones en ruedos de Venezuela, las dos,  en la Plaza de Toros Monumental de Pueblo Nuevo en San Cristóbal. 


La primera fue en el Festival Nocturno de la Escuela Taurina “César Faraco”, con toros de Racho Grande. Ganado propiedad del histórico ganadero  Hugo Domingo Molina. A Roca le acompañaron en el cartel el mexicano Michele Lagravere, de la Escuela Taurina de Aguascalientes y el tachirense Jesús Enrique Colombo de la Escuela dirigida por el recordado maestro César Faraco. Los novilleros se arrimaron como tigres pero, de tanto apretar, competir y arrimarse, resultaron lesionados. 

El festejo se tuvo que suspender en el tercer novillo.

 De inmediato los pacifistas, animalistas, en fin de inmediato los  enemigos de los toros saltaron al ruedo con sabias protestas e intervinieron denunciando con histerismo  violaciones de las leyes.

Manolo Ordóñez, Director de la Escuela Taurina. Sin lograr consumir sus propósitos que los antitaurinos llevaron a los diarios y las emisoras de radio para que entrevistaran a los niños toreros porque, la insensatez de los criminales asesinos, se expuso al  peligro de los toros a los niños. 

Miguel Lagravere, francés aunque mexicano de cuna, fue el primero en ser entrevistado. 

El torero respondió: “Solo yo me obligo estar ante los toros, y es porque me sale de los huevos”.

Desde esa fecha,  Jesús Enrique Colombo, hoy primera figura del toreo nacional, formó pareja con Andrés Roca Rey. Lo hizo en plazas de Colombia y de Portugal y, también, en el Perú ya de matadores de toros.

 


Abordando el tema de Venezuela le cuento, amable lector, que en enero de 2016, Andres Roca Rey hizo el paseillo dos tardes: cuarta y quinta corridas de la Feria Internacional de San Sebastián, la internacional Feria de San Cristóbal, con el primero de los llenos a reventar en la plaza Monumental. 

Roca Rey sustituyó a Miguel Abellán.  En su primera corrida abrió la puerta grande: tres orejas y salió a hombros. Lo hizo en compañía del  venezolano Gregorio Torres “Maravilla”, Gregorio cuajó una bella faena, pero perdió trofeo al errar en el ultimo de su lote. 

El tercer espada del cartel fue el granadino David Fandila “El Fandi”. Se lidio un encierro de las ganaderías de la familia Molina; Cuatro de Rancho Grande y dos del Prado. 

 Roca Rey regresa a Venezuela en el momento más oportuno y necesitado de la tauromaquia nacional. Insisto en aquella referencia anterior sobre la influencia que en su día vivimos los venezolanos, con el paso de Manuel Benítez “El Cordobés” en los que el debe y el haber beneficiaron el crecimiento de la fiesta en Venezuela: crecieron las ganaderías, en el número y la calidad de los matadores de toros, en la construcción de arenas y muy en especial en la propagación de la cultura taurina con sinceras y apasionadas raíces.

Roca Rey tiene en sus manos la misión de rescatar la fiesta de los toros en América, inlcuido México que tiene y nos consta, que robustecer el espectáculo taurino en España. 

 

 

Roca Rey en el 2011 viajó a España, con 16 años compartía piso en Sevilla con su hermano y un amigo, y manifestaba seguir las enseñanzas de Muhammad Ali para no rendirse nunca. Fue entonces el primero entre los  tres amigos y ahora es el número uno. Roca Rey quería ser lo que es, el número uno, desde pequeño. Lo sorprendente no es tanto que lo haya conseguido, sino lo claro que lo tuvo. Eso explica en gran parte por qué lo consiguió. En su trayectoria hay una lucidez anómala, temprana, para querer ser matador, junto a una especie de inocencia infantil que, la que le descubrió en su primera actuación en Venezuela que aún no se ha extinguido. 


Cuentan su padre y su hermanos que Roca Rey, con cinco y seis años, jugaba a los toros en su casa, repitiendo y respetando un ritual: se peinaba, se acicalaba, inundaba el jardín de agua hasta que lo llenaba de barro, y se lanzaba a torear de salón hasta salir sucio y con el pelo alborotado. Entre la disposición inicial y el resultado final se encierra su idea del toreo.

 “Ahí veías la elegancia y la entrega”, recuerda de aquellos toreros que de niño veía salir embarrados de la plaza.

La primera vez que toreó fue para celebrar sus siete años de edad: su regalo de cumpleaños. No fue precisamente una sorpresa. Su familia ha estado siempre vinculada a los toros, con ganaderos y empresarios, su hermano Fernando también es matador de toros  y a él le había pedido  ese regalo desde pequeño. Hasta que un amigo de sus padres, el ganadero Rafael Puga, destacado matador de toros peruano que en Barquisimeto cuajó una gran faena a un toro de Tarapío, en una corrida de la Feria de La Divina Pastora,  accedió a la insistencia de Andrés para que no insistiera más. 

-“Y ese día me echaron una becerrita. A partir de ahí era como un juego”, recuerda Roca Rey. 

Ya entonces se le metió una idea en la cabeza: ir a España. Lo decía a diario y hasta por las esquinas, la letanía que repetía por las esquinas que un día se iría a España para triunfar como torero, algo como como quien dice que quiere ser astronauta.

 

José Antonio Campuzano le vio con 10 años en un pueblo peruano y supo que aquel niño tenía algo. A esa edad, 10 años, mató su primer becerro, y debutó en público con 11 años, con un novillo. Campuzano le dijo lo mismo: para ser una figura, pero una figura mundial, tenía que ser en España.

 

Con 14 años llegó a Badajoz, a pasar dos meses de verano, el invierno ecuatorial, en La Cercada, propiedad del ganadero, Miguel Moreno, que también le vio al peruano mucha calidad. Moreno se había ofrecido a hospedarle. Vivió con una familia de picadores y asistió a clases de vida y de tauromaquia en la Escuela de la Diputación. Extremadura también forma parte de esta nueva revolución del toreo, pues se ha convertido en un vivero de figuras. “Vine a entrenar para conocer el mundo taurino, mis papás no me querían mandar un año entero. Querían ver si me arrepentía, comprobar lo duro que era”. No se arrepintió. Pero sí le dolió lo duro que era. Pasó dos veranos a las órdenes de su mentor, Campuzano, y para entonces ya había toreado en media América: Perú, México, Colombia, Ecuador, Venezuela. Al año siguiente, con 16 años, ya llegó a Sevilla para quedarse, sin pasaje de vuelta.

 

Cuenta Andrés Roca Rey que los escollos más dificiles de sortear fueron sus padres. El papá le puso trabas, y la mamá o pasó muy mal. Tanto le presionó, porque expresaba su dolor y no fue al aeropuerto. El adiós de su hermano fue muy duro:  “A partir de ahora te vuelves un hombre, mucha suerte, torero”. 

 

En Ciudad Rodrigo y Ledesma, en la provincia de Salamanca, y en Arnedo, en La Rioja dio sus primeros pasos.  El año siguiente, 2014, ya debutó con picadores en Francia y su fulgurante ascenso culminó en 2015, cuando abrió la puerta grande de Las Ventas y salió a hombros de la Maestranza en Sevilla y la de de Vista Alegre, en Bilbao.

 

En Ronda abrió con Ortega la Puerta Grande de la Maestranza


  Andrés Roca Rey tomó la alternativa  en Nimes, cortó dos orejas y protagonizó "Pocosol" le vio nacer como matador de toros hace 5 años en Nimes. Cortó la oreja del animal del doctorado y se la arrancó al peligroso sexto, en el que se arrimó como un condenado viendo que sus compañeros se le habían ido por delante."una triunfal tarde de alternativa en la feria de la Vendimia de la ciudad francesa de Nimes, en un festejo en el que Enrique Ponce y el francés Juan Bautista rayaron a gran nivel, con tres apéndices cada uno. 



Hoy le apodera el maestro Roberto Domínguez, vallisoletano histórico, como su tío Fernando Domínguez. Un taurino Roberto de la escuela de Manolo  Lozano la que existe preñada de lecciones centenarias de Domingo Ortega, y muy en especial del tío  Fernando, su tío, un torero al que su devoción  al Cristo de la Buena Muerte ligó en Caracas, a Venezuela y a su amigo Ángel Escobar “Bola de Nieve” su tío, miembro de un muy exclusivo club de artistas con el percal  de quienes escuchamos en reuniones de amigos encendidas tenidas explicado aquello que decía Manolo Escudero, el de Embajadores: “Cuando Fernando torea a la verónica, levita; cuado yo toreo, me entierro”.

 

Entiende como integral su educación taurina, y estudia con interés revolucionario la vida de Joselito El Gallo. Su catecismo es el libro Rey de los Toreros de Paco Aguado. 

Respira y absorbe la multitud en la plaza “Delante del toro te abstraes, en los momentos más especiales, cuando te encuentras de verdad bien contigo mismo; luego obviamente hay un público, y quieres tenerlo feliz, pero justamente para eso tienes que estar metido en ti mismo. Si intentas simplemente agradarles, no estás de verdad. Hay que intentar sentirlo para que ellos lo sientan”.

 

Cuando supera el trance, terminada la corrida, cuenta que se siente más vivo que nunca y entonces le gusta regresar entre los vivos, estar con las personas que quiere. Come y devora, porque tiene 20 años y un desgaste físico brutal. “Me dicen: ‘¿Pero no estás cansado?’. Cómo voy a estar cansado, si es cuando más vivo y más feliz me siento. Me gusta disfrutar cada momento, minuto a minuto. No me gusta mucho pensar en de aquí a un tiempo. Si estás un día toreando, y mañana toreas, hay que pensar en el día de hoy, si no, no podrías exponer, no podrías arriesgar y pasarías mucho miedo”. A Roca Rey le han dado ya muchas cornadas, y dicen los buenos aficionados que en la temporada anterior se pasaba mucho miedo viéndole, por lo que arriesgaba. 

Pero este año no, ya domina majestuosamente la situación. “Siempre estás en peligro, porque el toro en cualquier momento cambia de opinión y va a por ti. Es un animal que mata”.

Al hablar de su oficio, repite dos palabras: verdad y pureza. “En la profesión y en la vida me gusta ir siempre por derecho, seguir mi línea, no me gusta traicionarme a mí mismo, ni a mi concepto de la vida y del toreo. Dicen que toreas como eres, y es verdad”. Roca Rey es torero todo el rato. A la hora de marcharse, agarra el capote y no se resiste a dar unos pases, gira en círculos absorto, aunque está en un aparcamiento subterráneo del centro de Madrid. 

 

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