viernes, 14 de febrero de 2020

LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS por CARLOS CASTAÑEDA GÓMEZ DELCAMPO Ganadero Mexicano



Atenienses y espartanos en un número muy reducido, se dice que 7,000, enfrentaron al poderoso ejército persa compuesto por 250,000 soldados en el estrecho paso de las Termópilas. Ahí los guerreros espartanos contuvieron el ataque persa, mientras los atenienses lo hacían en el mar. Los lidereados por Leónidas I combatieron valientemente durante tres días y tres noches, hasta que, por una traición, el ejército persa fue informado de un paso alterno hacia la retaguardia de los griegos. Leónidas despidió a la mayor parte de su ejército quedándose, dice el relato, con 300 valientes capitanes a defender la retirada de este. Esta batalla es usada como ejemplo de valentía y sagacidad por parte de de una fuerza patriótica, menor en cantidad y fuerza, ante la invasión enemiga.
La fiesta de los toros en México lleva 33 años sin mariscal al frente de las filas de los toreros. Sin embargo, todavía en los años 90 del siglo pasado, las entradas a la plaza las hacían los nuestros. Cavazos en sus últimos años, Gutiérrez, Armillita y Silveti, acompañados por matadores de distintas generaciones y los españoles ya muy queridos en México, Capea y Manzanares, mantenían la plaza con grandes entradas. Ninguno de los mexicanos tomó la conducción, pero se mantuvo una época de calma e igualdad de condiciones para todos. La irrupción de Ponce y años después de El Juli rompió el equilibrio. Dos toreros de época, de los que surgen muy poco en el mundo del toreo, tomaron el mando. Y nadie les hizo frente. Ninguno de los nacionales decidió defender el paso de ellos al menos en nuestras Termópilas, en La México. Se resguardaron a la sombra de estas dos figuras históricas y cedieron ante cualquier imposición. Así, se abrió la puerta a una serie de toreros peninsulares que poco han aportado, porque no han dejado ni escuela, ni recuerdos, ni dinero en las taquillas. Los cincuenta años de independencia taurina y mando de los nuestros, desde Armilla y Garza hasta Manolo Martínez, quedaron en los libros de historia. No apareció uno sólo que dijera “aquí es mi tierra”. Y si se quiere, la importancia de Ponce y El Juli, tanto taurina como económica es real y con derecho, pero ¿y a los demás se les debía también dejar el paso sin lucha?; ¿se tenía que claudicar ante exigencias sin base? Pues no, pero sí. Eso sucedió y el resultado se refleja en las entradas de cada corrida año con año.
El domingo 9 de febrero fue la corrida del Estoque de Oro, cuyos beneficios son para la Asociación de Matadores. Y pasó lo mismo. No se respetó el reglamento, los españoles trajeron sus toros y dictaron reglas para los otros toros. Se sabe. Los nuestros, callaron. De la misma forma que quedó silente la autoridad. El resultado de la tarde es bueno para quienes fuimos. Un gran toro de La Joya, otro muy bueno de Xajay y una tarde interesante para el público. Pero una derrota más para los nuestros. ¿Porqué no traer una corrida completa, de donde sea, de las que mata Ponce, y sortear?; ¿Porqué no lanzar un reto? ¿Porqué no gritar un ¡Viva México¡?. La comodidad es la que nos tiene sin mando ni rumbo hace ya muchos años. ¿No se puede?, ahí esta el espejo de Roca Rey.
Defendamos nuestra tierra, con riqueza propia no hay conquista ajena.
Carlos Castañeda Gómez del Campo.

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