sábado, 16 de noviembre de 2019

PACO OJEDA LA REVOLUCIÓN PRECOZ Por Víctor José López EL VITO




En Madrid sólo se hablaba de Paco Ojeda.
En la televisión en el programa Revista de Toros lo exaltó de una manera muy positiva. Revista de Toros,  un programa taurino dirigido por Marivi Romero se había convertido en la vitrina del ojedismo. Viendo y escuchando las loas de Mariví Romero fue mi primer contacto con Paco Ojeda. Lo descubrí a través de la ventana de lo acontecido gracias al frío medio de la televisión. 
Comentaban su actuación de la tarde del 23 de mayo cuando Paco Ojeda fue testigo de la confirmación de Curro Durán. Una alternativa que concedió José María Manzanares y en la que Madrid se reencontraba con Paco Ojeda, desafortunado en anteriores fechas y actuaciones. Impuesto por Pepe Camará, heredero del manoletismo en fuerza, estética e intención.



Lo que la periodista presentó fueron retazos de su actuación y de una entrevista en la que el entrevistador, con muy mala leche, de la leche que siempre ha vestido al emergente periodismo taurino español, intentó descalificar a Vicente Ruiz El Soro y al imberbe  Emilio Muñoz. Los alegatos para descalificarlos fue que habían estado mal el día antes en Madrid. Sin embargo Ojeda, demostrando su grandeza humana,  fue tajante al señalar que si habían tenido una tarde desafortunada mucho tuvieron que ver los toros. La calidad de los toros. No logró la periodista entrevistadora que Paco Ojeda se convirtiera en su cómplice para desacreditar a los jóvenes toreros que buscan en Madrid la colocación definitiva en la fiesta.
 Otro día me tropecé con él, con Paco Ojeda. Fue casual el encuentro  en el lobby del Hotel Residencias Alcalá. Un hotel donde tradicionalmente paran los toreros y que está muy cerca de la plaza de Las Ventas. Allí se hospedó Manolo Martínez, lo hizo El Viti y Victoriano Valencia tiene una oficina. Manolo Cisneros es huésped permanente y su cafetería ha sido  sitio predilecto para el aperitivo del gran escritor y esclarecido taurino Guillermo Sureda, un recordado amigo que tuve gracias a José María Recondo, otro de los grandes y muy respetados amigos que he tenido en la vida gracias a los toros. Allí estaba Ojeda. Vestía  mono (chándal) blanco y azul, calzaba zapatos de tenis y se escondía de la luz de la Calle de Alcalá en un rincón del café. Frente a él un vaso de jugo de naranja. 
Sureda nos presentó y todo no pasó de un "hola qué tal, encantado". 
En la plaza el de Sanlucar de Barrameda se transforma, Ojeda luce más alto de lo que en realidad es. Gusta vestir sedas oscuras en  trajes recamados. Su capote y su muleta son inmensos, y sin embargo los aficionados encandilados por el impacto de su toreo no se percatan de las exageradas dimensiones de las telas. Su presencia es majestuosa y llena de aroma el rito de la de adoración en el recinto de Las Ventas. Apenas Paco Ojeda se planta en la puerta de cuadrillas sólo falta el  incienso. 

Allí está el ídolo. Llena el desolladero, patio amplio con parrales que es el sitio por donde entran y salen los más taurinos a la plaza, y es donde  me encuentro con Alfonso Navalón.
-      No tiene explicación este Ojeda. Es la locura. Ya lo verás y no lo entenderás. Me comunica excitado el polémico amigo. 
Ángel Teruel, maestro madrileño, con mucha cortesía, acento madrileño y sentencioso resume su concepto en “… se trata de un torero muy interesante!”

Los entendidos aficionados se jugaban todo a que Ojeda no podría con el nervio de los toros de Hernández Pla. Era distinto ponerse frente a un Santa Coloma que a un borrego de Sayalero y Bandrés. Esos toros de Parladé que habían ganado en trapío lo que han perdido en genio. Con los de Hernández Pla no podrá Ojeda. La corrida fue parchada como es usual en Madrid. Rechazaron tres toros de Hernández y los sustituyeron por dos de La Quinta.
Acompañaron en el cartel a Ojeda dos de los jóvenes que “vienen con la escoba”:  Emilio Muñoz y Luis Francisco Esplá.  
Muñoz viene de Sevilla, del barrio de Triana de la Calle Pureza y viene con un triunfo muy grande en la Maestranza  y con un muslo abierto. 
Esplá trae sobre los hombros los polvos del camino del éxito. A Madrid llega en plan de maestro...
 Esplá se entretuvo toda la tarde en estar, para hacer desaparecer a Emilio Muñoz. 
Ojeda ni se enteró que Esplá y Muñoz competían.



Hay que advertir que Paco Ojeda es un torero de masas. Un torero que llega a las masas, al tendido, sin mayores análisis y sin profundizar en su mensaje. Analizarle técnicamente es una tontería si se pretende con ese análisis descubrir su misterio. Paco Ojeda toma el capote muy cortito por la esclavina, como lo hacen Curro Romero y Rafael de Paula. Romero y De Paula son deficientes toreando con el capote. No saben ni sacar, mucho menos poner un toro en el caballo. Volviendo a Ojeda les diré que tiene la verónica, para rematar suelta una mano y convierte en revolera una especie de larga. Con la muleta inicia por alto la faena; me recordó aquello del desdén de El Cordobés. Así, andando hacia las afueras, despreciando el toro, metiéndose dentro del público. Al llegar a los medios ya ha acortado la distancia. Comienza con su toreo encimista, ahogando al toro en cada muletazo, adueñándose de la voluntad del astado y del público. Así, prolongando su estatuismo, compone su faena. Es su mensaje. Allí el misterio. A la hora de matar no vacila. Entra en corto y por derecho, encunándose en el testuz de la res. Mata dejándose ver, jugándose el todo por el todo. Todo esto, que agradecen los públicos, va envuelto en el halo de su personalidad, de su imán para las masas. Paco Ojeda es la personalidad taurina más destacada en España, en torno a él gira el toreo y de la manera como gire dependerán muchas cosas en la fiesta de los toros. 

Algo así debió de ocurrir cuando Gregorio Corrochano pronosticó que “la fiesta será lo que usted, Cayetano Ordóñez,  quiera que sea”. No lo quiso -¿o no pudo?-  El espectáculo siempre ha dependido de aquellos que mandan en la Fiesta. ¿Podrá mandar en los toros Paco Ojeda?  
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