domingo, 18 de agosto de 2019

RETAZOS TAURINOS SOBRE TOVAR Por Eduardo Soto Álvarez.






Mérida-Venezuela, 17/08/2019.
Publicado por Juan Lamarca
DEL TORO AL INFINITO



• El Coliseo de La Sultana del Mocotíes es una plaza muy atractiva, nuestra feria es la más antigua del país, la afición a la Fiesta Brava es consustancial al gentilicio tovareño y siempre ha existido un grupo de taurinos de fuste, cuya influencia se ha hecho sentir, incluso allende los confines del terruño.
Todo esto debe ser no solo motivo de satisfacción sino fuente de estímulo, para estar pendientes de todo detalle que pueda contribuir a fortalecer la tradición y a dar mayor realce a los festejos taurinos de nuestro coso.
Sin más título que ser tovareño y estar convencido de que el pueblo tiene todo para ser uno de los ejes taurinos del país, no solo en estos tiempos aciagos, me atrevo a desgranar (e incluso repetir) algunas ideas al respecto.  

Nunca está demás recalcar la importancia de la puntualidad, máxime al ser la plaza techada. Se debería tratar que el festejo (o su mayor parte), se realice con luz solar, pues la iluminación artificial perjudica la lidia. No obstante la tendencia es a fijar una hora más bien tardía para iniciar los festejos, la cual encima no se respeta, por los actos de todo tipo que se efectúan sobre la arena. La vuelta al ruedo de nuestra Excelsa Patrona, a hombros de sus cofrades, debiera ser el único acto que preceda al paseíllo, todo lo demás debe estar supeditado al estricto cumplimiento del horario establecido. 

•  Hace unos años, presenciaba una corrida en el pueblo, cuando actuaba un paisano que tenía mala tarde, pero el público le jaleaba entusiasta cada trapazo, una dama local que aplaudía frenéticamente, me dijo que lo hacía porque el torero era tovareño.

Este es el tipo de reacción, loable en muchos aspectos, no puede ser la única razón que justifique el triunfo en nuestra plaza de toros y hay que evitar caer en el paisanaje taurino mal entendido, pero no es nada fácil.

Los toreros del patio, se pueden sentir de antemano tan seguros de ser profetas en su tierra, que torean más con el fervor regionalista del tendido, que con el cornúpeta en el redondel, sin tener que mostrar lo mejor de su arte.
Mucha gente, incluso hasta la propia autoridad taurina, han tendido a percibir estos desbordes (en las gradas y en el ruedo), como simples matices folclóricos y los ha aupado al proceder con extrema largueza en la concesión de trofeos, aunque esté en juego la credibilidad y el prestigio de la plaza.

Otra variante, a la cual también habría que poner coto, es el paisanaje de oropeles, ridículo, exagerado y extemporáneo, como llamar academia una escuela taurina que apenas sobrevive, bautizarla con el nombre de uno de nuestros diestros vivo y activo e incluso colocar en el recinto del Coliseo, estatuas de toreros tovareños que felizmente todavía pertenecen a este mundo, lo que tendría que haber sido privilegio exclusivo de difuntos.  

No hay receta mágica para corregir tales distorsiones del paisanaje, pero la solución se inicia por reconocer que existen y ocasionan problemas, máxime en estos tiempos de exacerbado populismo auspiciado por el régimen.  

El reglamento taurino de Tovar parece ser esotérico, pues poco se conoce y no seivulga, lo que redunda en una inexplicable opacidad normativa. La autoridad taurina ha dado la impresión a veces de no saber qué hacer o de actuar a la deriva y a la ligera, lo cual va en detrimento de la tradición tovareña, de la cual deberíamos ser guardianes todos los que nacimos en las riberas del otrora caudaloso Mocotíes.
Los pasodobles tienen su importancia en nuestra manera de disfrutar las corridas y Tovar tiene al menos ocho, dedicados al pueblo y a sus personajes taurinos. Se debiera escoger uno (o alguno compuesto en especial a tal efecto), para designarlo como insignia de nuestra plaza de toros. Los pasodobles taurinos tovareños son poco conocidos, a pesar que nuestro pueblo puede ser uno de los que mayor número ha inspirado.

En alguna ocasión, en nuestro coso se presentaba a los alternantes, quienes saludaban desde el tercio e incluso se identificaba el color taurino de sus trajes de luces. Esta práctica debería continuar por ahora, al igual que los anuncios para evitar costumbres más propias de lo deportivo que de lo taurino, como las olas en el graderío.

 Durante las corridas, no debiera permitirse la presencia en el ruedo de gente ajena a la lidia y mucho menos armada, como se ha visto en ciertos casos. Los brindis a personas del callejón se deben recibir tras la barrera, a menos que tengan derecho a pisar la arena, ya sea en condición de matador o de arenero.

Asimismo, hay que prevenir la contaminación sónica que se origina en sitios aledaños a la plaza, a veces invadida por música ajena a las corridas de toros, que desluce y desentona con su desarrollo.

 Me permito saludar a la Comisión Taurina de Tovar, en vísperas de su estreno en la venidera feria. Todos sabemos que las cosas no se arreglan de inmediato, pero su composición inspira confianza y su presencia en el Palco adquiere particular relevancia, en momentos tan complicados para la Fiesta Brava en el país.
 Igualmente, hay que reconocer y agradecer la continua labor de la Peña El Encuentro, una de las que subsisten en el pueblo, cuya labor no se limita a presenciar corridas y es responsable además del Museo Taurino de Tovar.
 Por cierto, el máximo trofeo de nuestra Feria de la Virgen de Regla, debería denominarse El Cristo de La Galera, pues quizás no haya otro nombre tan apropiado, sonoro y tovareño.

 Es inadmisible que nuestro tradición taurina siga palideciendo como el caudal del río que nos vio nacer. También hay que superar la tendencia a darnos por satisfechos con la mera celebración de festejos, que ya de por sí tiene su importancia, sino tratar siempre de superar los remanentes de un taurinismo rudimentario y ramplón, que calza más con la infortunada coyuntura política, que con la idiosincrasia de un pueblo, reconocido por su afición a las artes y a los toros, las cuales debemos  saber combinar para que florezcan en todo su esplendor.


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