jueves, 13 de junio de 2019

RECUERDOS DE MADRID (VIII) POR Víctor José López EL VITO : Curro Fetén, en la tertulia de La Trucha y Echegaray


Gonzalo Luque del Pino, "CURRO FETÉN"


Mis recuerdos de Madrid mucho tienen que ver con aquellos compañeros de la prensa que me abrieron senderos en la información en aquella España de nuestra juventud. Entrañable. Fueron muchos, y entre todos destacaron grandes periodistas entonces muy jóvenes y otros como Ricardo González K-Hito o Guillermo Sureda magistrales.  Aquellos jóvenes entonces son hoy bastión del mejor periodismo taurino jamás, como lo son Paco Aguado, Carlos Ruiz Villasuso y José Carlos Arévalo. Terna a la que me refiero a esta por no denostar de admirables compañeros como Vicente Zabala o Alfonso Navalón, nombres de la bisagra informativa de aquellos días donde no existían las libertades ni los adelantos tecnológicos en la comunicación que hoy existen. Ellos, todos, han sido haz y envés de la moneda del crítico taurino, porque son los que hoy llevan las riendas del toreo en información y opinión como nunca sucedió, a pesar de los muy  recurridos Cossío, Corrochano y Cañabate, brillantes literatos del toreo.
Sin embargo, en el recuerdo está, ha estado y sinceramente perdurará, mi entrañable Curro Fetén cuya función periodística fue permanentemente crítica. 
La línea de su caricatura llevaría la redondez de su vientre, pero había que rematar la robustez de su rostro sanguíneo con una gorra muy torera, y un puro. Habanos finos, los que fumaba Curro, que su nerviosismo convertía en cigarros de intermitente encendido.
La claridad de su piel escondía su cordobesismo y en la vecindad de "La Trucha", la Calle de Echegaray o la esquina de La Chuleta, que le retrataban aquellos frescos días de mayo, en el Madrid de sus amores, como la de un simple y sencillo turista. 
De su mano pude escuchar a Luis Miguel y con él me adentré en la amistad de Domingo y la confraternidad de Pepe, los hijos del Tiburón de Quismondo, personaje que también me habría gustado conocer.
Gonzalo Luque del Pino, era su identidad impresa en el DNI, pues con ese nombre y apellido le bautizaron a Fetén en su milenaria Córdoba, jamás fue turista. 
Curro Fetén fue un valeroso ciudadano del mundo y por su valentía exigió para su partida todo el ruido de las más ruidosas tracas valencianas por morir un Día de San José.
Digo que Curro Fetén fue un periodista valiente, porque me consta de la realidad de algunos estruendosos capítulos de su vida. La tarde de Aguascalientes, al abandonar San Marcos en medio del escándalo de los martinistas, que querían lincharle y vengar la afrenta de Palomo. Pueden preguntarle a Eduardo Lozano, que cojitranco y todo fue Curro Fetén el que saltó a la arena para detener a la furiosa multitud que pretendía cobrar con sangre las ofensas inferidas al ídolo regiomontano, Manolo Martínez. Manzanares pudo dar cuenta del valor de Fetén al cruzar en diminuta nave monomotor los cielos del Nula, metido entre plomizas nubes atadas con relámpagos y estruendo. Capea vivió terribles momentos junto a Curro en sus viajes americanos, cuando enfrentó truhanes y malhechores asaltantes del torero, sin más armas que su inagotable gracia. Curro Fetén se ha ido por delante, lo hizo en medio del ruido de las tracas para que no se dieran cuenta.
Vino al periodismo para propagar las virtudes de la fiesta, no para descubrir sus vicios.
En Meridianode Caracas publicó sus informaciones, enviadas desde Lima, Quito o Bogotá; siempre en defensa de la fiesta de los toros, sin preocuparse por asaltar espacios o protagonizar instantes. La intensidad de su vida no lo requería y mucho menos su grandeza humana lo permitió. Su lenguaje no era lenguaje funcional, porque la funcionalidad es anti historia. Y Curro Fetén, en el afecto y en la importancia, ha sido un periodista histórico. Fue el último de aquel grupo que conocí en mi primera España. Los de ahora son diferentes, grandiosos pero distintos.
Fue Curro Fetén un baquiano del Madrid que se fue, aquella ciudad de torería desbordante, La Meca de la Fiesta porque el toreo no se entendía si no se pisaba Las Ventas. 

EL CORDOBÉS, CURRO FETÉN Y EL CAPEA, LOS TRES HICIERON DE MADRID UN FUERTE PARA LA DEFENSA DEL TOREO

Se fue Curro, falta, pero mucha falta  harán sus ocurrencias de este artista, maestro del ingenio luminoso, en los alrededores de la plaza Santa Ana.
 ¡Qué solas se han quedado las mesas de La Alemana!


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