viernes, 7 de junio de 2019

RECUERDOS DE MADRID (II) Un toro de De Haro ante el camino de Antoñete para buscar los tiempos perdidos en el Madrid de sus entrañas Por Víctor José López EL VITO



ES ESTE MOMENTO, ANTOÑETE CON EL TESTIMONIO Y APROBACIÓN DE SU MOZO DE ESPADAS "EL CÁRDENO", ABRE EL CAMINO PARA EL REENCUENTRO GLORIOSO CON MADRID, GRACIAS A UN GRAN TORO DE DON MANUEL DE HARO EN EL NUEVO CIRCO DE CARACAS, PLAZA DE TOROS EXTERMINADA POR EL RÉGIMEN ANTITAURINO QUE IMPERA EN VENEZUELA.../ Foto César Obertein, digitalizada por Alejandro Vielma

Me encontraba en Madrid un 15 de mayo cuando tuve un agradable tropiezo. Fue cuando me dirigía a mi sitio en la plaza de Las Ventas, un inesperado encuentro con ganadero mexicano muy apreciado amigo Jorge de Haro. Conocí a Jorge siendo él un mozalbete. Fue en un tentadero de la ganadería de su padre, don Manuel de Haro, en aquella plaza de la estepa tlaxcalteca donde por centurias han pastado, crecido y parido, vacas de la Laguna, Tepeyahualco, Piedras Negras y un sin fin de divisas de la muy ganadera Tlaxcala. Era la época cuando el madrileño Antonio Chenel “Antoñete” revivía las verdades del toreo en su reaparición, asombrosa reaparición en Las Ventas dee Madrid.
Hoy también le recordamos en esta remembranza, porque Chenel es recuerdo vivo de los más diversos momentos de la fiesta de los toros en su Madrid del chotis y de La Paloma. Entonces Chenel se preparaba por aquellos predios para su reaparición en la Plaza de Toros Monumental México. 
Don Manuel “le premiaba” a Anytoñete con cariño y afecto  en retribución al torero del mechón por la gran tarde que en Caracas que le brindó a la fiesta con los cárdenos de De Haro. 
Tuve el privilegio, junto a mi compadre Raúl Izquierdo, de ser anfitrión en Caracas de don Manuel y de su hermosa y muy amable esposa, doña Martha González de De Haro. 
Este día, el 15 de mayo en Madrid, a Jorge le acompañaba su esposa y gran aficionada Patricia Lebrija de De Haro. Ese día y por ellos me enteré en la plaza de la muerte de doña Martha, persona muy apreciada, madre de mis amigos Jorge, Manuel, Antonio y Vicente, los ganaderos de La Antigua, Jorge,  y De Haro Vicente y Antonio
 Con la señora Martha me unieron admiración, respeto y afecto profundo, por su condición de dama y porque fue una muy exigente y enterada aficionada la la fiesta de los toros. Supo doña Martha, lo mismo que su esposo don Manuel, sembrar ejemplo de valores mexicanos y taurinos a sus muy respetados hijos. 
Vaya un aparte a la remembranza de Manuel de Haro González, hijo de Martha, hermano de Jorge, quien fuera mi amigo y compañero por los tentaderos de diversas ganaderías venezolanas como fueron Los Aránguez, Tierra Blanca, Rancho Alegre y Trapío. Fue en esta última donde Manuel recibió un serio bautismo de sangre.
Hoy quiero recordarla en estos recuerdos de Madrid, añorando una travesura de su hijo Manuel, cuando él, Manolo, vino a Venezuela acompañando con unos toros que se lidiaron en Maracaibo y que salieron muy buenos,  nobles y emotivos provocando manifiesta admiración entre los más exigentes aficionados.  
Fue así. En una ocasión, Manolo y un grupo de amigos, entre quienes se encontraban Antonio Arteaga “Arteaguita”, Jesús Salermi y Oscar Aguerrevere, uno de los ganaderos de “Tierra Blanca” y destacado gerente de la aviación comercial venezolana, discutíamos el inagotable tema del toro de lidia mexicano, el toro de España y las importaciones hechas a Venezuela por los criadores nacionales. 
Hubo un momento de intransigencia, especialmente por parte de Aguerrevere, que en ese momento deseaba encender un cigarrillo pero no tenía fósforos ni mechero. Al solicitarle fuego a Manuel de Haro, el hijo de doña Martha le acercó un yesquero, encendido, y a medida que Oscar Aguerrevere le acercaba el cigarrillo, con intención de encenderlo, de Haro le alejaba y bajaba el fuego. Así hasta que, literalmente, dobló Oscar Aguerrevere. Viéndole “humillar”, Manuel dijo: “Esta es la diferencia, la gran diferencia entre el toro mexicano y el toro de España. ¡Así, así con la entrega de la nobleza humilla el toro de México!”. 
La señora Martha González de Haro, madre de Manuel de Haro, era nieta, sobrina, hija, hermana, prima y madre de muy buenos ganaderos de reses bravas. Esta hermosa señora fue estandarte para los ganaderos fundadores de los más célebres hierros la histórica región de Tlaxcala. Ganaderías que sostuvieron sobre sus hombros, durante muchas décadas, el desarrollo de la fiesta de los toros en México y en gran parte de Sur América. 




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