martes, 4 de junio de 2019

MADRID por JORGE ARTURO DÍAZ REYES: Valor desgarrado


 


Valor desgarrado
 Jorge Arturo Díaz Reyes, VI 3 2019
El arrojo sin cuento del mexicano San Román, doblemente ovacionado, marcó la vigesimoprimera corrida.
 Juanito y Antonio Grande saludaron. Duro encierro. 
Quite de San Román. Foto: www.las-ventas.com
El valor llena y el arte rellena. Y cuando el segundo es imposible y la vergüenza torera prima no queda más que echar mano de aquél y tirar para adelante. “Eso lo tengo más claro que el agua” dijo Diego San Román, tras dos faenas angustiosas con las que agotó las existencias de adrenalina en la plaza. El tercero, salió rajado. Le buscó y le buscó la cara para de a dos en dos obligarle a punta de ofrecer el cuerpo. Cogido y acribillado en el suelo, se levantó sin mirarse para seguir asustando sin aflojar, cuatro bernadinas apretadísimas y un estocadón al atrincherado en tablas.

El sexto fue peor. Le hincó las rodillas para dos por alto, huyó, le persiguió, se postro de nuevo para dos más, una derecha en píe y dos de tirón a los medios. Donde la mejor tanda de cinco derechas recibió una colada que anunció lo que vendría por naturales. Una cogida tremenda con seis hachazos todos impactados en el cuerpo, antes de caer al suelo. Nada, no se dejó tocar y volvió a la brega enfrentando encunado las tardanzas e incertidumbres. De a uno en uno hasta que oyó el aviso, abrumando, hasta decir no más, y otra vez contra las tablas, un estoconazo sin puntilla. Es fácil decir con estos malos que sobró valor y faltó técnica. Lo único que señalo es que las cuatro gaoneras de compás abierto que dio en el quite que hizo al primer toro de Antonio Grande, fueron muy evocadoras.  

João Silva "Juanito", correcto en casi todo frente al mejor novillo, el primero. En casi todo menos en los enganchones que sufrió al final de cada tanda. La cabezada iba por arriba, descompuesta, cierto pero el temple se perdía. Tras la buena estocada y el descabello, mereció mucho más que el ingrato silencio que le dedicaron. Después enmendaron y lo sacaron al tercio por su lidia al geniudo cuarto que fue menos fluida y sembrada de amagues y coladas. Quizá por eso. Le mató bien.  

Antonio Grande, tiene un aire de torero hondo, su faena con el difícil segundo llegó al tendido. Las tandas bajas por uno y otro pitón emocionaron, sus improvisaciones por la espalda para resolver dudas del novillo, salieron sinceras y pertinentes. La gente con él. Pero la espada no. Un pinchazo, un metisaca caído, un aviso, y una estocada delantera que al fin sirvió echaron todo por la borda. Le ovacionaron duro, pero muy serio no quiso salir del callejón. Frente al manso quinto la cosa fue más gotereada, sudorosa e ingrata. Con desarme incluido. Lo esperó todas las veces. Pinchó tres adelante, sonó un aviso y al final descabelló.     

Los utreros de Fuente Ymbro, negros, cornidelanteros muy ahusados de pitones, con lámina y 504 kilos de promedio, abundaron en genio, malas maneras y los cuatro últimos en franca y bronca mansedumbre. Primero y segundos, encastados y ásperos, repitieron y ganaron ovaciones en sus arrastres.

“No me voy contento”, confesó con razón el ganadero Ricardo Gallardo. Y refiriéndose al mexicano agregó, “No se de dónde saca tanto valor este tío”. Éste, por su parte, cuando se iba, contestó a la pregunta. ¿Vas a la enfermería?   “No, lo único que me duele es el orgullo”.

FICHA DEL FESTEJO

Madrid. Lunes 3 de junio 2019. Plaza de Las Ventas 21ª de San Isidro. Dos tercios de aforo. Sol, calor y viento. Seis utreros de Fuente Ymbro, bien presentados, mansos ásperos de poca clase. 1º y 2º ovacionados.

João Silva "Juanito", silencio y saludo tras aviso.
Antonio Grande, ovación tras aviso y silencio tras aviso.
Diego San Román, saludo y saludo tras aviso.

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