martes, 1 de mayo de 2018

RIDÍCULO DE LA AUTORIDAD DE AGUASCALIENTES Luis Eduardo Maya Lora


LA CAPRICHOSA SIMILITUD – TRIUNFA PONCE EN DESASTRE DE LA AUTORIDAD EN AGUASCALIENTES.

El cambio de mano de Enrique Ponce en su faena al castaño “Artista” de Bernaldo de Quirós. Foto: Emilio Méndez.
Una de las más esperadas citas, doce años, once meses y veintiocho días después se colma entre similitudes, caprichos y ridículos. Y se esfuma con la sensación de que vuelve a faltar algo. Ya sea la sobre administración o la mala suerte de Enrique Ponce deja las cosas en suspenso ante el nuevo y enésimo ridículo de la “Autoridad” en Aguascalientes que todo lo que aprieta a la hora del apartado termina aflojando y aflojerando una señalada tarde donde se vuelven a hacer notar los peores males de el actual momento taurino: apatía, cinismo y, principalmente, la conveniencia y acomodo de los agentes y gestores del régimen incapaces, cubierta la papeleta, de ofrecer un espectáculo mejor.
Por: Luis Eduardo Maya Lora  De SOL Y SOMBRA. Aguascalientes.
Si Enrique Ponce, que se encarga de hacer patente su enojo en todo el callejón por vérselas con el zambombo cuarto, espantoso por acochinado, feo y, además manso, no quiere pasar corajes primero tiene que dejar de hacerse, como dijera “El Negro” Aranda… igual que aquel otro paisano suyo una tarde de toro de regalo en la Plaza México.
Si, en verdad el enojo llega a este manoteo, hay que dejar de escoger estas bueyadas. 
Así de fácil. 
Aquí el único culpable es él.
Ese enojo, hagámoslo notar, es el mismo que sienten todos y cada uno de los partidarios del toreo, los aficionados que aman la Fiesta en este lado del mundo cuando toca ver a Enrique Ponce envuelto en escándalos, regateando su prestigio y valor en despachos y apartados en plazas como las mexicanas y luego quejarse en plena corrida, todo esto, envuelto de decepción es ensuciar una impecable hoja de vida innecesariamente. No queremos kilos, queremos trapío y casta.
La espera mencionada en la introducción se rompe este año y ha tenido “Armillita” que despedirse primero y morirse después para tener a Ponceen la Feria de San Marcos. Todo está a punto de echarse a perder desde el anuncio, ni Teofiloni Bernaldo, en casta principalmente, serán jamás lo esperado y anhelado por el público, que no se moviliza igual que hace trece años. Y tal como ocurre la última vez, tiene que haber baile de corrales y sustituciones para que ocurra el milagro.
Solo así y a medias, porque las coincidencias tienen algo de caprichosas.
Aquella vez un novillo adelantado de Santa Bárbara, afortunadamente, hubo de romperse un pitón para que saliera el celebérrimo “Arlequín” de Fernando de la Mora, un toro, sobrero, en toda la extensión de la palabra. Esta vez, el baile de corrales acomoda una tarde ventosa en Aguascalientes que comienza con la salida de un alto y bien hecho castaño, con seriedad suficiente para aguardarle y, pese a ser de Bernaldo, el toro comienza reaccionando con fuerza con actitud de toro, alegra su rabo e incluso, protesta al capote que avanza a los medios y, pese a un enganchón, remata con media.
Aquí viene uno de los grandes episodios de la corrida: el tercio de varas.
Bendito Dios.
Ponce se templa, no toca los lados y deja en suerte para que por un vuelco del destino, al arrancarse fuerte el castaño, este resbale y al recibir un puyazo contrario haga perder la horizontal al caballo al derribarle y desmonte al piquero que termina pisado al toro antes de caer y la propia jaca parcialmente caiga encima. En ese momento nuestra impresión es que el astado habría de romperse.
No, no con este bravo castaño.
Que, si bien sus extremidades traseras resienten el hecho, de pronto se pone en pie y sin vacilar persigue al caballo, ciego a fuerzas, lo hace con alegría en su trote y con luz en su casta que muestra su disposición de atacar recorriendo circunferencia insospechada hacia la querencia, que también los animales, aun sin ver, mantienen su sentido de orientación, el toro se apodera de la escena y hasta que el caballo choca con su mansa resignación, la escena se calma, como si ese encontronazo nos devolviera del drama hacia el mismo ruedo.
Entonces la decisión de no picar de nuevo, sino de dar paso a un nuevo milagro de Mariano de la Viñapermite que el toro, aun pese a la inutilidad de los hermanos Lunaque le pasan hasta por cuatro veces aun pese estar casi roto de los cuartos traseros, recupere aire, acentúe la largueza de sus viajes y comience a desarrollar paulatinamente por abajo.
Y tanto es así que “Artista” crece.
Cabecea y embiste al momento que se le cierra en el burladero de matadores y tira el tablón alto de la barrera justo cuando Ponce brinda a toda la Plaza que expectante vislumbra la llegada de amenazantes y grises nubes. Todo este ambiente de calma contrastada con el ansia del astado por ir a la muleta se palpan en los muletazos iniciales donde la embestida se encausa y se somete y en el pase de la firma comienza a andar el castaño que aun protesta por arriba.
Por ello las tres primeras tandas son una constante por encontrar acople sobre la verticalidad y el temple con la mano derecha, basta un enganchón, uno solo para que el valenciano ajuste, vuelva sobre pitón izquierdo y en el pase de pecho vacíe lo más largo posible. Y evite la tentación de la querencia tirando a los medios y abra entonces el compás, se proteja del viento tirando por abajo y ligue cadenciosamente aun contra el viento que le interrumpe nuevo remate de pecho.
La paciencia paga frutos.
Decía Gabriel Figueroa, el gran fotógrafo de la luz, la sombra y el color: “Técnica es una forma de resolver los problemas de contar una historia en la mejor forma posible.” Y esta vez, la mejor forma es mantener la verticalidad, aguantar y, pese al viento, templar, sin eso el castaño se habría descompuesto. La tanda, rotunda y muy cadenciosa, sobre las rayas revienta en el de pecho y prepara la senda de la mano izquierda primero largo y arriba, el toro tiene nervio y responde abajo.
Ponceaguanta la ráfaga y tras ayudarse llegan los tres mejores pases de la faena, al natural, casi con media muleta por el viento que proseguirían en una tanda donde el castaño comienza a resentir el peso de la lidia y Poncele encela colocando y quitando el engaño en plena cara y dándose a torear exprime al toro al natural aguantando el medio paso, sin duda alguna, para tirar al final de un toro que ya se queda. 
La vuelta a la derecha obtiene derechazos ligados y un enorme cambio de mano previo a los adornos finales, poncina incluida, por ambos perfiles y sobre la mano derecha. La faena, de gran realización roza a una altura importante que empaña la estocada baja y la inexplicable concesión del rabo, debidamente, protestado. Como para echarle la gente y la crítica encima.
Poncele agrada la mencionada concesión y alegre da la vuelta al ruedo. Y la multitud se espanta por una llovizna hasta agradable que hace huir al personal de palcos como vanidosos de pueblo. 
Y ahí terminaría casi todo. Malamente.
Al público repudia presencia del cuarto, flaco y feo, demasiado para ser lidiado. Peor el sobrero demasiado retacado para ser siquiera embarcado, Poncetras el pucherazo y brindis a Armando Manzanero, se esfuerza pero termina oyendo un avisto. 
Pese al gran esfuerzo Payo falla en momentos claves ante el difícil segundo que le desarma en un momento clave no obstante vence al viento y al sentido que le busca siempre del toro, al que pincha antes de un gran espadazo. Falla el quinto y regala un novillo manso de La Joya con el que esta voluntarioso y al que vuelve a pinchar.
De Silveti, convidado de aparador, su falta de soltura contrasta con el gran quite por gaoneras del sexto con el que se regala la vuelta al ruedo en ratonero modo, que se le está volviendo costumbre.
Entonces la llovizna trae la abundancia y el despilfarro, la sangre brava que supero, aun increíblemente siendo de Bernaldo de Quirós, que de no haberse lastimado habría marcado una composición de mayor alcance artístico.
Como ese cielo del centro de México ese perfecto escenario que captara Gabriel Figueroatantas veces, al que se rindió Cannes y Venecia, el celaje ideal de púrpura y amaranto, pues ya que por capricho el toro no coincide en las grandes citas, en Aguascalientes queda siempre, la coincidencia, sin capricho, del atardecer.
Celaje, ese sí, fantástico e infaltable.
Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza Monumental de Aguascalientes. Feria Nacional de San Marcos 2018. Décimo Festejo del Serial Taurino. Novena Corrida de Toros. Casi Lleno en tarde de viento cambiante, con leves gotas al momento del paseillo, ráfagas muy molestas durante los dos primeros turnos que impiden el desarrollo de la lidia sumada a la refrescante llovizna culminado el primer turno. Precioso crepúsculo para terminar el festejo.
Fatal la actuación del Usía que devuelve al cuarto previamente autorizado, no da el primer aviso al primer espada luego de sobrepasar por casi diez minutos el tiempo reglamentario en la lidia del cuarto, inadecuadamente ordena la música para ser callado por el público y, principalmente, otorga inadecuadamente los máximos trofeos al primer espada a la muerte del que abre plaza y homenajea al manso sexto. Distraído en diversos pasajes de la lidia, el sujeto en cuestión responde al nombre de Ignacio Rivera Ríopersonaje de dudosa capacidad taurina y que, de tener mínima vergüenza, habría de presentar su dimisión.
8, Toros, 4 de Bernaldo de Quirós (Divisa Obispo, Rojo y Verde) Los lidiados como primero, segundo, cuarto y sexto turnosAnunciados como titulares pero rechazados en el reconocimiento, el cuarto es devuelto por feo y escurrido; disparejos de presentación, chico el manso y soso sexto, con cara aunque chico también el difícil segundo, con sentido y emoción en la muleta. Destaca el bravo y noble primero, precioso castaño oscuro, alto y serio por delate; 3 de La Estancia (Divisa Rosa, Blanco y Azul) lidiados en tercero, cuarto como sobrero y quinto; disparejos de presencia y feos, el cuarto es terriblemente acochinado y manso lo mismo que sus hermanos; y 1 de La Joya (Divisa Turquesa, Blanco y Amarillo) Anovillado y manso, jabonero sucio, manso con tendencia a la querencia, inexplicablemente ovacionado y homenajeado en el arrastre.
El que abre plaza número 837, “Artista” nombrado, de 518 kilogramos, castaño aldinegro, alto, ojinegro y bragado, delantero de pitones, fue con justicia homenajeado con el Arrastre Lento ovacionado por la Afición.
Enrique Ponce (Marfil y Oro) Rabo con Protestas y Palmas tras aviso. Octavio García “El Payo” (Nazareno y Oro) Saludos en el Tercio, Silencio y Gran Ovación en el de regalo. Diego Silveti (Salmón y Oro) Palmas y Vuelta por su cuenta con protestas.
El Primer espada salió a hombros.
Bien a la brega Mariano de la Viña con el primero pese a la inutilidad de Jorge Luna, fatal con el capote Ángel González hijo.

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