EL VITO
Fue la del 16 de mayo de 1987 la tarde de Madrid que marcará la historia de Joselito con tinta sangre. El precoz maestro fue herido en el cuello por un gigante de Peñajara. Un toro que pesó la friolera de 697 kilogramos, tres kilos para los setecientos. Inaudito y absurdo en un toro de lidia, un ser que se supone ha de ser un animal fino, armónico, atlético, bajo, de figura elegante. El toro fue un sobrero que sustituyó a un cojo de la misma ganadería de Peñajara en la corrida inaugural del maratónico abono de Las Ventas.
Curro Vázquez, convertido en el torero de Madrid, y Pepín Jiménez, un silencioso artista murciano, acompañaron a Joselito en el cartel. Vázquez salió a torear como un torero de hoy a ese toro de ayer. A un toro como este de Peñajara lo lidiaban con brevedad y mucha ventaja los antiguos, y pasaban a la historia como toreros de gestos machos. Curro Vázquez le hizo humillar, le arrastró la muleta y le toreó con temple y con mando. El toro asustó a toda la plaza cuando salió a arena. Más aun cuando se le vio frente a Joselito, el aniñado matador que busca convencer a Madrid. El toro embistió siempre con la cara alta, como le obligaba su arquitectura. Daba miedo ver Joselito tan pequeño frente a un toro tan grande. El toro, luego de algunos lances, estiró el cuello y allí prendió al madrileño por el cuello. Curro Vázquez salió a sustituir a su compañero y comprendió lo que le esperaba y tenía que jugársela. Así es la fiesta, así es el toreo. Así hay que estar en Madrid. Curro se llevó el toro a los bajos del siete y con el temple que le sobra le toreó estupendamente. Se descaró muy decidido y muy dispuesto. En otra época, en la de Chicuelo, sin ir muy lejos, Curro Vázquez hubiera firmado, por lo menos ochenta corridas de toros en España. Curro Vázquez provocó entusiasmo en los graderíos, mientras que las noticias que llegaban de la enfermería propagaban serios temores en los tendidos. En ese instante se vivió el toreo en toda su dimensión: grandeza de la belleza plástica, y el horror de la tragedia. ¡Qué gran momento del toreo en Madrid! Dos toreros en apasionada entrega, como exige el slogan del maestro Alameda, para callar la sinrazón Los toros en España hieren, porque los toreros salen a jugársela. Joselito, se la jugó y perdió. Curro Vázquez se la jugo, y ganó.

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