SEBASTIÁN CASTELLA Y JARAL DE PEÑAS |
MUNDOTORO > México
Tras el
éxtasis de ayer (domingo 4 de febrero) en los sobreros de regalo, el embudo de Insurgentes -que
registró una excepcional entrada- anunciaba una ‘corrida monstruo’ para
completar el Aniversario. Un encierro de Jaral de Peñas, bien presentado, que,
como 24 horas antes el de Teófilo Gómez, tampoco ofreció el juego deseo. En
realidad, fue una cuestión de poder. Todo el del mundo le faltó a los toros.
Cierto es que algunos tuvieron buen tranco en los primeros tercios, que
tuvieron bondad, pero después fue un catálogo sin casta, que osciló del manso
al desfondado pasando por toros que echaron la persiana en la segunda tanda o
se atrincheraron en tablas.
Uno de
estos fue el segundo. Mansurrón con el que Sebastián Castella anduvo muy
inteligente para librar la batalla en sus terrenos y, allí, en sus querencias,
dejarle la muleta muy puesta en el hocico para robarle las tandas en una labor
que tuvo la ligazón y la economía de movimientos como grandes virtudes.
Hierático concepto girando sobre los talones para calar en el tendido una faena
que, de no ser por el acero muy caído, hubiera tenido doble premio en lugar de
la única oreja de la tarde. Joselito Adame pudo pasear otra, pero su estocada
recibiendo, cayó también abajo.
Más
montado, aunque también cornidelantero, el segundo fue otro colorado que salió
también distraído y sin demasiada fijeza en las telas. Corroboró su falta de
celo en el caballo, pues salió despavorido al sentir la puya. Ajustadísimo el
quite por saltilleras de Castella. Gran tercio de banderillas, de tremenda
exposición, deRafael Viotti. Castella, muy inteligente toda la faena, comenzó a
pies juntos en el tercio, sin enmendarse, y ahí planteó el trasteo.
En un palmo
de terreno, sin apenas perder pasos, tan sólo girando sobre sus talones, para ligar
y ligar los muletazos, limpios, profundos y llegando mucho al tendido. Siempre
la ligazón como principal virtud de una faena en la que dejó la muleta muy
puesta, empapando al toro, que sacó ese fondo de nobleza clásico en algunos
mansos, para que no dejara de repetir una y otra vez alargando los muletazos a
base de medidos toques. Epílogo por manoletinas. Lástima que el acero cayera
muy abajo, porque era faena de dos trofeos. Oreja.
El sexto,
se partió un pitón en el encuentro del caballo, y salió en su lugar un sobrero
del mismo hierro. Alto y muy montado, con mucha plaza, colorado claro, casi
melocotón y tocadito de pitones. Tuvo movilidad y bríos, incluso nobleza en los
engaños. Castella comenzó a pies juntos como en su primero, en el tercio, y le
puso la pañosa por ambas manos, pero el toro pareció aplomarse y, cada vez más
agarrado al piso, fue una quimera conseguir ligar tres muletazos consecutivos.
Sin poder, el galo terminó por desistir y fue silenciado.
Saltó en
séptimo lugar un ‘Bohemio‘ acapachado de cuerna, con cuajo y hondo. Lo saludó a
la verónica Joselito Adame, que remató en la boca de riego con una media muy
encajado. Aún mejor el quite por gaoneras. Derribó por los cuartos traseros el
de Jaral de Peñas, que apretó en banderillas. Se desmonteraron Ángel González y
Héctor Rojas, en banderillas.
Brindó a la
concurrencia y, tras un comienzo volcánico, con dos cambiados por la espalda
ceñidos y otros tantos pases del desdén de vertical figura, planteó la faena en
los medios para aprovechar el ritmo del burel. Sin embargo, como pasó con
varios de sus hermanos, le faltó casta y duración, y se aburrió en la tercera
tanda. No escatimó en recursos El hidrocálido, valeroso, a base de recortar
distancias, molinetes, desplantes, luquecinas… Puso lo que le faltó al toro.
Dejó media en la suerte de recibir, que cayó en los blandos y la opción del
trofeo se esfumó. Ovación.
Adame
también lo probó y buscó las vueltas al tercero. Más largo, ofensivo y
engatillado, amplio de sienes, que sus hermanos anteriores. Un castaño que tuvo
movilidad en los primeros tercios, aunque le faltó mayor celo y codicia en los
engaños. Buen quite por chicuelinas del azteca, que comenzó su labor muleteril
por estatuarios. Trató de buscarle las vueltas, pero no logró conectar con los
tendidos en una labor seria y con oficio. Silencio.
Había roto
plaza un precioso y bien hecho colorado, de lomo recto, cornidelantero. Salió
enterándose el de Jaral de Peñas,suelto y algo abanto, y, tras un entonado
saludo capotero a la verónica de Jerónimo, comenzó a marcar una acentuada
tendencia hacia las tablas. Le costaba salir al astado que apretó de veras en
banderillas. Brindó al público y se lo sacó a los medios, pero el astado no
quiso pelea y huyó despavorido al cobijo de las tablas. Allí debió plantear el
azteca la faena, que careció de ligazón y toreo fundamental, pero fue rico en
adornos y detalles repletos de torería. Gusto de Jerónimo con el mansurrón.
Estocada entera. Ovación.
‘Ciruelo‘
completó un lote a contraestilo para Jerónimo. Alto y largo como un
ferroviario, el colorado girón y calcetero -veleto y enseñando las palas- que
hizo quinto volvió a corroborar los defectos de su primero y el resto del
encierro. Manseó lo suyo y desparramó la vista, en cuanto vio la puerta abierta
buscó la querencia. Jerónimo, todo tesón, quiso mucho y porfió en un trasteo en
el que le pudo robar algún trincherazo con sello propio, pero a la faena le
faltó el argumento de esa transmisión que da la ligazón. Faltó emoción.
Silencio.
Apretado de
carnes y con cuajo, el cuarto, negro de capa, fue otro toro bien presentado y
serio, al que saludó Roca Rey con una larga cambiada de rodillas. También
gazapón y sin parar un segundo, el de Jaral de Peñas tuvo movilidad, pero le
faltó entrega en sus embestidas. Roca Rey brindó al respetable y comenzó en la
boca de riego con dos cambiados por la espalda. Ajustados. Luego, le ofreció la
pañosa adelantada con mando, pero el animal mantuvo una embestida descompuesta
y sin raza, soltando la cara, que incomodó mucho al peruano. Lo intentó con
ambas manos y, más pronto que tarde, fue a por la espada contrariado. Gran
estocada. Silencio.
Cerró el
Aniversario un castaño largo y algo acarnerado, altote, veleto, que enseñaba
las palas. Lo saludó por delantales Roca Rey. Lances cadenciosos y muy
templados, de mano baja, que remató con dos medias enroscándose la embestida
del animal. Echó la cara arriba el burel en el caballo. El quite, por gaoneras
y caleserinas, marca de la casa. Brindó a su madre el peruano y se colocó, muy
cruzado, para comenzar un trasteo sin demasiada historia por la condición, a la
defensiva, de su oponente. Escarbó lo suyo, reponiendo en su corto viaje y
siempre tendió a puntear las telas. Lo probó por ambas manos y terminó por
abreviar. Silencio en ambos.
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