El Rubi y Orlando Faroh
marcan el paso y señalan el camino
EL VITO
Al
regresar la calma en el mar de incertidumbre que es la Fiesta de los Toros en
Venezuela, surgen como islas las feria de San Cristóbal y de Mérida que le dan
al toreo nacional síntomas de salud importante en medio de la borrasca de
náufragos que en realidad somos pero que, los hombres y mujeres del Táchira y
de Mérida, nos animan con su buen ejemplo.
Manuel
Medina “El Rubi”, mientras ocurrían los
acontecimientos que con razón nos ilusionan a los taurinos en las ferias de San
Sebastián y de El Sol, trabajaba como hormiguita en Valle de La Pascua.
¿Qué hizo
El Rubi para que hoy lo tomemos en cuenta?
Atreverse,
eso sí, en sociedad con Orlando Faroh quien invierte junto al torero esfuerzos
de trabajo y capital para colocar sus ladrillos en el camino a la real
recuperación de la actividad taurina venezolana.
Una gota
de agua, no dudamos, en ese océano azotado por huracanes y tormentas. Hundido
en la incertidumbre en la que sus
expresiones más evidentes son las plazas de Maracay y de Valencia que en manos
del Estado van camino a convertirse en lo que el chavismo hizo del Nuevo Circo:
guarida de drogadictos, traficantes, lumpen de una sociedad corrompida y
podrida que envuelven en el engaño de una revolución que no existe y más bien
ampara colectivos adheridos a la vida de la nación en función parasitaria.
Bien por
El Rubi que en principio administrará la plaza de toros por espacio de cuatro
años acordados, en lo que además de los toros en días de fiesta estamos seguros
convertirá la plaza “Erico Finelli” de Valle de la Pascua en un centro de
espectáculos diversos que tanto necesita el pueblo llanero y que urge, como
ocurre entoda la nación taurina, que haya unidad y apoyo decidido entre los
ganaderos, los empresarios, los gremios taurinos como son matadores de toros,
subalternos, mozos de espadas y periodistas.

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