Con el sentido mexicano del toreo del que hablaba Pablo Labastida
![]() |
| SON LOS QUE ERAN, LOS PILARES QUE SOSTIENEN LA PASIÓN DEL TOREO MEXICANO Y JERÓNIMO ES Y HA SIDO FIEL INTÉRPRETE/ Foto TOCA |
EL VITO
Como si
fuera ayer cuando Pablo Labastida como apoderado llevó a Caracas a Jerónimo, para que
escribiera páginas importantes del arte con acento mexicano en sus lances.
El joven ganadero
de Espíritu Santo en aquella oportunidad y en funciones de apoderado, lo presentó como
sobrino de “El Ranchero”, pero en especial como torero con mensaje mexicano.
Eran
los referidos días del toro del unipase en España. Aquel producto ganadero que en el camino de la búsqueda del toro artista introdujo la
monotonía en la fiesta sembrando en las arenas del toreo un método Braille en sus formas. Un estilo, o un método, vaya usted a saber, dejando
aparcados en la cuneta a un lado del camino los estilos, la manera de ser del artista.
No se equivocó entonces Pablo, viéndole a Jerónimo ante
los duros toros de Caparica sentí aquel frescor del mensaje emotivo al que se
refería mi muy apreciado Pablo Labastida.
Sentí que Pablo, estupendo aficionado, se había ido perdiendo el rumbo entre las
nuevas camadas de toreros mexicanos. Muchos perdieron el rumbo por absorber como papel secante las
imágenes de quienes veían triunfadores. Otros, por complejos de inferioridad, iban dejando de lado los pilares sobre los que
se construyó la nación taurina mexicana.
Lo dice
José Alameda, y lo escrito queda. Está
impreso en los volúmenes iniciales de su tratado de tauromaquia. Nos referimos
a “Los arquitectos” y a “La evolución” entre varios, donde ubica a cada uno en
líneas que sin ser españolas encuentran su raíces en la hispanidad taurina. Son
los aportes de Ortiz, Balderas y de Silverio y también de Garza, El Soldado y de Luis Procuna. Repasar los
textos nos descubrirán el mensaje que Jerónimo lleva en su expresión. Mejor
dicho, en su intención pues si en algún momento no ha llegado ha sido por falta
de decisión. Un mensaje en el que se respiran los aires del Ranchero y de toda Tlaxcala que me decía Juan Silveti que en sus ganaderías estaba una gran escuela del toreo, que mucho
dice de la línea de Domingo Ortega en su toreo cambiado.
La novena
corrida de la Temporada Grande no reunió la constelación que se reúnen en los carteles estrella, y no
aburrió ni un minuto. Además de Jerónimo asistieron a la cita Juan Pablo
Llaguno, un muy buen torero que reclama oportunidades, rodaje, porque torear lo
hace bien, lo que necesita es imponerse ante los públicos a los que sorprende
por su diminuta figura. Insisto, estamos ante un torero que de escalar
posiciones será tratado como un gigante.
Antonio
Lomelín confirmó su alternativa. Lo lleva Arturo Gilio. Juntos caminaran muchos
caminos, y unidos pueden cubrir metas importantes.
Hubo en la
arena toros, toros de Caparica con presencia, edad y temperamento. No es
necesario el tarrito de miel, lo que se necesita la fiesta de los toros es que
la boca del aficionado en el tendido sienta el sabor de la hiel y que el
corazón lata al son que le indique la adrenalina.
Con el
escenario lleno con el sentido mexicano del toreo recordé a Alameda, y muy especial
a Pablo Labastida que habría disfrutado viendo a Jerónimo expresarse con acento
mexicano ayer en la Plaza México.
Todo esto sin
dejar de agradecer en nombre de la afición de Venezuela a la Televisión
Mexicana la oportunidad que nos brindan en compartir la Temporada Grande desde
nuestra tierra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario