domingo, 7 de enero de 2018

ASÍ VIO EL VITO LA NOVENA CORRIDA DE LA TEMPORADA GRANDE EN LA PAZA MÉXICO



Con el sentido mexicano del toreo del que hablaba Pablo Labastida


SON LOS QUE ERAN, LOS PILARES QUE SOSTIENEN
LA PASIÓN DEL TOREO MEXICANO Y JERÓNIMO ES Y HA SIDO FIEL INTÉRPRETE/ Foto TOCA


EL VITO

Como si fuera ayer cuando Pablo Labastida como apoderado llevó a Caracas a Jerónimo, para que escribiera páginas importantes del arte con acento mexicano en sus lances.  
El joven ganadero de Espíritu Santo en aquella oportunidad y en funciones de apoderado, lo presentó como sobrino de “El Ranchero”, pero en especial como torero con mensaje mexicano. 
Eran los referidos días del toro del unipase en España. Aquel producto ganadero que en el camino de la búsqueda del toro artista introdujo la monotonía en la fiesta sembrando en las arenas del toreo un método Braille en sus formas. Un estilo, o un método, vaya usted a saber, dejando aparcados en la cuneta a un lado del camino los estilos, la manera de ser del artista.
 No se equivocó entonces Pablo, viéndole a Jerónimo ante los duros toros de Caparica sentí aquel frescor del mensaje emotivo al que se refería mi muy apreciado Pablo Labastida. 
Sentí que Pablo, estupendo aficionado, se había ido perdiendo el rumbo entre las nuevas camadas de toreros mexicanos. Muchos perdieron el rumbo por absorber como papel secante las imágenes de quienes veían triunfadores. Otros, por complejos de inferioridad,  iban dejando de lado los pilares sobre los que se construyó la nación taurina mexicana.
Lo dice José Alameda, y lo escrito queda.  Está impreso en los volúmenes iniciales de su tratado de tauromaquia. Nos referimos a “Los arquitectos” y a “La evolución” entre varios, donde ubica a cada uno en líneas que sin ser españolas encuentran su raíces en la hispanidad taurina. Son los aportes de Ortiz, Balderas y de Silverio y también de Garza, El Soldado y de Luis Procuna. Repasar los textos nos descubrirán el mensaje que Jerónimo lleva en su expresión. Mejor dicho, en su intención pues si en algún momento no ha llegado ha sido por falta de decisión. Un mensaje en el que se respiran los aires del Ranchero y de toda Tlaxcala que me decía Juan Silveti que en sus ganaderías estaba una gran escuela del toreo, que mucho dice de la línea de Domingo Ortega en su toreo cambiado.
La novena corrida de la Temporada Grande no reunió la constelación  que se reúnen en los carteles estrella, y no aburrió ni un minuto. Además de Jerónimo asistieron a la cita Juan Pablo Llaguno, un muy buen torero que reclama oportunidades, rodaje, porque torear lo hace bien, lo que necesita es imponerse ante los públicos a los que sorprende por su diminuta figura. Insisto, estamos ante un torero que de escalar posiciones será tratado como un gigante.
Antonio Lomelín confirmó su alternativa. Lo lleva Arturo Gilio. Juntos caminaran muchos caminos, y unidos pueden cubrir metas importantes.
Hubo en la arena toros, toros de Caparica con presencia, edad y temperamento. No es necesario el tarrito de miel, lo que se necesita la fiesta de los toros es que la boca del aficionado en el tendido sienta el sabor de la hiel y que el corazón lata al son que le indique la adrenalina. 
Con el escenario lleno con el sentido mexicano del toreo recordé a Alameda, y muy especial a Pablo Labastida que habría disfrutado viendo a Jerónimo expresarse con acento mexicano ayer en la Plaza México.

Todo esto sin dejar de agradecer en nombre de la afición de Venezuela a la Televisión Mexicana la oportunidad que nos brindan en compartir la Temporada Grande desde nuestra tierra.

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