EL ULTIMO ESLABÓN
26 de diciembre de 2017
26 de diciembre de 2017
El 24 de mayo de 1936, enviaba Fermín Espinosa “Armillita” un telegrama que decía: “Hoy toreaba Madrid. Suspendiéronme tercera vez. Urge gobierno tome medidas. Embajador lleva el asunto encausado. Creo difícil arreglo. Huelga planteada. Abrazos. Fermín.”
Comenzaba el boicot contra los toreros mexicanos encabezado por Lalanda, quien gestiono ante los políticos lo que no pudo defender en la plaza. Sin saberlo ni buscarlo, se dió inicio a la independencia taurina mexicana.
Encabezada por Fermín, Solórzano, Balderas, Garza,“El Soldado” y Arruza, la gran generación de toreros que dió vida a nuestra fiesta de 1936 a 1950, encendía motores.
La Guerra Civil Española primero y la fiebre aftosa después, serían dos detonadores exógenos que permitieron que México consumara su propia fiesta. Con toros y toreros nacionales.
La época de oro del toreo en México.
Gracias a las gestiones de Antonio Algara pudimos ver a Manolete. Sin embargo es hasta 1950 cuando se reanudan, aunque fuera de manera intermitente, las relaciones taurinas con España.
La década de los 50´s es una década de cambio de estafeta en el mundo taurino nacional. Muertos los primeros grandes ganaderos, Antonio y Julián Llaguno, Lubín y Wiliulfo Gónzalez y quedando en manos de Francisco Madrazo hijo la ganadería de su padre, La Punta, los jóvenes Romárico y Raúl González al frente de La Laguna y Piedras Negras, José Antonio Llaguno al frente de Torrecilla, Antonio Llaguno comandando San Mateo, y la llegada de Jesús Cabrera, Luis Barroso, Reyes Huerta y Javier Garfias así como de Ana María y José Julián Llaguno, darían a la ganadería nacional una nueva cara. Joven, con otras ideas.
Este relevo también se dió en los toreros. Disminuyendo sus actuaciones los toreros de oro, fueron tejiendo eslabones nuevos matadores. Rafael Rodriguez, Manuel Capetillo, Juan Silveti, “El Ranchero” Aguilar y José Huerta tomaban entonces el control del barco. Difícil tarea.
El 24 de diciembre de 2017 se fué Juan Silveti. El último eslabón. Juan tomo la bandera que dejara Arruza en España, para seguir poniendo el nombre de México en alto. Capetillo y Huerta plantaron cara a los grandes toreros españoles que llegaron a México.
Fueron la generación que sostuvo la fiesta hasta el surgimiento del mando de Manolo Martinez.
Juan Silveti se hizo aquí. En nuestro campo, con nuestra gente, con nuestros toros. Y ese aprendizaje lo llevo a España para triunfar cabalmente en cuatro temporadas seguidas en un medio que siempre ha sido hostil a nuestros toreros. Cariñoso, amable, gran conversador con una memoria privilegiada y una vida llena de anécdotas, se nos fue el último eslabón. El último de una generación que fué capaz de relevar a la generación más importante de nuestra historia. Gracias Don Juan.
Se dice fácil, pero para continuar la obras anteriores, edificar sobre construido, aguantar comparaciones, se necesita mucho más que vestirse de luces.
Martinez se retiró en 1982 y regreso en 1987 al ver que el sitio que dejó quedo vacante. Y en 1991 se fue en definitiva de los ruedos. A la fecha nadie ha podido cargar ese cetro ni defender nuestra independencia como lo hicieron todos hasta la retirada de Martinez.
Hoy estamos de regreso en la imperiosa necesidad de toreros extranjeros en los carteles para intentar llenar las plazas. Cincuenta años de independencia seguidos ahora por veinticinco de silenciosa conquista. Entre otras cosas, también cambió el toro. Analicemos esto último, detenidamente. Por ahí está la respuesta.
El día 25 vimos una corrida de Rancho Seco con dos toros que merecían más y un torero que merece mucho más. Aunque el tiempo ya este en su contra. Venga Fabián, hay camino para andar. Si te prestan la llave.
Comenzaba el boicot contra los toreros mexicanos encabezado por Lalanda, quien gestiono ante los políticos lo que no pudo defender en la plaza. Sin saberlo ni buscarlo, se dió inicio a la independencia taurina mexicana.
Encabezada por Fermín, Solórzano, Balderas, Garza,“El Soldado” y Arruza, la gran generación de toreros que dió vida a nuestra fiesta de 1936 a 1950, encendía motores.
La Guerra Civil Española primero y la fiebre aftosa después, serían dos detonadores exógenos que permitieron que México consumara su propia fiesta. Con toros y toreros nacionales.
La época de oro del toreo en México.
Gracias a las gestiones de Antonio Algara pudimos ver a Manolete. Sin embargo es hasta 1950 cuando se reanudan, aunque fuera de manera intermitente, las relaciones taurinas con España.
La década de los 50´s es una década de cambio de estafeta en el mundo taurino nacional. Muertos los primeros grandes ganaderos, Antonio y Julián Llaguno, Lubín y Wiliulfo Gónzalez y quedando en manos de Francisco Madrazo hijo la ganadería de su padre, La Punta, los jóvenes Romárico y Raúl González al frente de La Laguna y Piedras Negras, José Antonio Llaguno al frente de Torrecilla, Antonio Llaguno comandando San Mateo, y la llegada de Jesús Cabrera, Luis Barroso, Reyes Huerta y Javier Garfias así como de Ana María y José Julián Llaguno, darían a la ganadería nacional una nueva cara. Joven, con otras ideas.
Este relevo también se dió en los toreros. Disminuyendo sus actuaciones los toreros de oro, fueron tejiendo eslabones nuevos matadores. Rafael Rodriguez, Manuel Capetillo, Juan Silveti, “El Ranchero” Aguilar y José Huerta tomaban entonces el control del barco. Difícil tarea.
El 24 de diciembre de 2017 se fué Juan Silveti. El último eslabón. Juan tomo la bandera que dejara Arruza en España, para seguir poniendo el nombre de México en alto. Capetillo y Huerta plantaron cara a los grandes toreros españoles que llegaron a México.
Fueron la generación que sostuvo la fiesta hasta el surgimiento del mando de Manolo Martinez.
Juan Silveti se hizo aquí. En nuestro campo, con nuestra gente, con nuestros toros. Y ese aprendizaje lo llevo a España para triunfar cabalmente en cuatro temporadas seguidas en un medio que siempre ha sido hostil a nuestros toreros. Cariñoso, amable, gran conversador con una memoria privilegiada y una vida llena de anécdotas, se nos fue el último eslabón. El último de una generación que fué capaz de relevar a la generación más importante de nuestra historia. Gracias Don Juan.
Se dice fácil, pero para continuar la obras anteriores, edificar sobre construido, aguantar comparaciones, se necesita mucho más que vestirse de luces.
Martinez se retiró en 1982 y regreso en 1987 al ver que el sitio que dejó quedo vacante. Y en 1991 se fue en definitiva de los ruedos. A la fecha nadie ha podido cargar ese cetro ni defender nuestra independencia como lo hicieron todos hasta la retirada de Martinez.
Hoy estamos de regreso en la imperiosa necesidad de toreros extranjeros en los carteles para intentar llenar las plazas. Cincuenta años de independencia seguidos ahora por veinticinco de silenciosa conquista. Entre otras cosas, también cambió el toro. Analicemos esto último, detenidamente. Por ahí está la respuesta.
El día 25 vimos una corrida de Rancho Seco con dos toros que merecían más y un torero que merece mucho más. Aunque el tiempo ya este en su contra. Venga Fabián, hay camino para andar. Si te prestan la llave.
Carlos Castañeda Gómez del Campo

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