| En la presentación del ganado de Juan Campolargo está el convertir el 29 de noviembre en un punto de inflexión de la Fiesta de los Toros en Venezuela (Foto VJL) |
EL VITO
Se alborotó
el avispero taurino nacional, y bastó para ello reunir en un cartel a dos
novilleros, dos toreros de bien cimentado nombre,- Manolo Vanegas y Jesús
Enrique Colombo-, y la ganadería más destacada de la temporada: Campolargo.
En manos
del ganadero está el convertir el 29 de noviembre en un punto de inflexión de
la Fiesta de los Toros en Venezuela, o continuar por el borrascoso sendero que con
la reincidencia de la trampa y del fraude han trazado en el mapa de la
decadencia los topógrafos taurinos nacionales.
Todo
dependerá de la presencia de los novillos, apreciado Juan Campolargo. Sus toros
serán un motivo importante, no cabe una pizca de duda, para que esta fecha y
este cartel cumplan con los parámetros sobre los que se pretende proyectar la
realidad de dos toreros que como nunca han provocado ilusión en la muy alicaída
afición taurina nacional.
Manolo
Vanegas y Jesús Enrique Colombo, apreciados lectores, han matado esta
temporada, en el rango de novilleros, toros con más trapío que cualquiera de
los toros que se han lidiado en la temporada venezolana del 2014 y 2015.
La única ganadería que se salvaría de esta
“cremá”, es la de Tarapío; divisa que
regresó a la palestra pública, con toros
con edad, presencia e intactas defensas, luego de haber permanecido arrinconada
en el rincón del olvido, donde cayó por complaciente desmochando los novillejos
que enviaba a las plazas.
El resto de las ganaderías ha caído desde
alturas de dignidad, a las calderas del averno del afeitado y del fraude, donde
nos encontramos los venezolanos en el ranking mundial del toreo, fraude promovido por las complacientes autoridades
taurinas al hacerse la vista gorda ante el reincidente pecado del ganadero y de
las empresas.
Ha de
sentirse orgulloso Juan Campolargo, al ver hacia atrás y recordarse como aquel
joven lusitano que era él, con una petaca llena de víveres, desorientado en la
rada de La Guaira. Petaca que el caletero amable y embustero le hurtaría,
dejándole solo y sin vista en territorio desconocido.
El trabajo convertiría aquella aventura del
joven Campolargo en ejemplo de vida, aventura emprendida huyéndole a la muerte
segura en el escenario de una guerra absurda –como todas las guerras-, en
hombre de provecho.
| Toro de Campolargo en las montañas del Yaracuy (Foto VJL) |
Aquel
muchacho llegó a tierras del Caribe,
empujado por el espíritu protector de su padre en un barco, con un pasaje para Venezuela, en
vez de los clavos y las tablas para el ataúd que debía acompañarle a la guerra,
como soldado portugués a los frentes de guerra de las colonias portuguesas.
Campolargo,
que no sólo le vio las orejas al lobo, sino que se sentó en la mesa con la
fiera es un creador de empleos. El camino no es que haya sido difícil, es que
ha sido doloroso: por ello, el retrovisor de la vida debe ser satisfactorio ver
ahora adelante en la carretera la oportunidad de ver el reencuentro de
Venezuela con la grandeza del toreo. Y la grandeza sólo se alcanza con
grandeza, no sería justo, mucho menos honesto, ir a esta cita con becerros
despuntados cuando lo que se pretende es colocar en el cartel a dos muchachos
venezolanos que se la han jugado de a de veras, con seis toros respetables.
Todo en los
toros debe merecer respeto, de no ser así sería mojiganga. Salgamos pues del
toreo bufo que venimos practicando y reencontrémonos con la grandeza de la
Fiesta de Toros.
@vejotaele
vjlopez7@gmail.com
elvitoalostoros.blogspot.com
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