lunes, 19 de octubre de 2015

SE ALBOROTÓ EL AVISPERO TAURINO: MANO A MANO COLOMBO VANEGAS EL 29 DE NOVIEMBRE CON TOROS DE CAMPOLARGO


En la presentación del ganado de  Juan Campolargo está el convertir el 29 de noviembre en un punto de inflexión de la Fiesta de los Toros en Venezuela (Foto VJL)
EL VITO

Se alborotó el avispero taurino nacional, y bastó para ello reunir en un cartel a dos novilleros, dos toreros de bien cimentado nombre,- Manolo Vanegas y Jesús Enrique Colombo-,  y la ganadería  más destacada de la temporada: Campolargo.
En manos del ganadero está el convertir el 29 de noviembre en un punto de inflexión de la Fiesta de los Toros en Venezuela, o continuar por el borrascoso sendero que con la reincidencia de la trampa y del fraude han trazado en el mapa de la decadencia los topógrafos taurinos nacionales.
Todo dependerá de la presencia de los novillos, apreciado Juan Campolargo. Sus toros serán un motivo importante, no cabe una pizca de duda, para que esta fecha y este cartel cumplan con los parámetros sobre los que se pretende proyectar la realidad de dos toreros que como nunca han provocado ilusión en la muy alicaída afición taurina nacional.

Manolo Vanegas y Jesús Enrique Colombo, apreciados lectores, han matado esta temporada, en el rango de novilleros, toros con más trapío que cualquiera de los toros que se han lidiado en la temporada venezolana del 2014 y 2015.
 La única ganadería que se salvaría de esta “cremá”,  es la de Tarapío; divisa que regresó a la palestra  pública, con toros con edad, presencia e intactas defensas, luego de haber permanecido arrinconada en el rincón del olvido, donde cayó por complaciente desmochando los novillejos que enviaba a las plazas.
 El resto de las ganaderías ha caído desde alturas de dignidad, a las calderas del averno del afeitado y del fraude, donde nos encontramos los venezolanos en el ranking mundial del toreo, fraude  promovido por las complacientes autoridades taurinas al hacerse la vista gorda ante el reincidente pecado del ganadero y de las empresas.

Ha de sentirse orgulloso Juan Campolargo, al ver hacia atrás y recordarse como aquel joven lusitano que era él, con una petaca llena de víveres, desorientado en la rada de La Guaira. Petaca que el caletero amable y embustero le hurtaría, dejándole solo y sin vista en territorio desconocido.
  El trabajo convertiría aquella aventura del joven Campolargo en ejemplo de vida, aventura emprendida huyéndole a la muerte segura en el escenario de una guerra absurda –como todas las guerras-, en hombre de provecho.
Toro de Campolargo en las montañas del Yaracuy (Foto VJL)


Aquel muchacho  llegó a tierras del Caribe, empujado por el espíritu protector de su padre  en un barco, con un pasaje para Venezuela, en vez de los clavos y las tablas para el ataúd que debía acompañarle a la guerra, como soldado portugués a los frentes de guerra de las  colonias portuguesas.
Campolargo, que no sólo le vio las orejas al lobo, sino que se sentó en la mesa con la fiera es un creador de empleos. El camino no es que haya sido difícil, es que ha sido doloroso: por ello, el retrovisor de la vida debe ser satisfactorio ver ahora adelante en la carretera la oportunidad de ver el reencuentro de Venezuela con la grandeza del toreo. Y la grandeza sólo se alcanza con grandeza, no sería justo, mucho menos honesto, ir a esta cita con becerros despuntados cuando lo que se pretende es colocar en el cartel a dos muchachos venezolanos que se la han jugado de a de veras, con seis toros respetables.

Todo en los toros debe merecer respeto, de no ser así sería mojiganga. Salgamos pues del toreo bufo que venimos practicando y reencontrémonos con la grandeza de la Fiesta de Toros.

@vejotaele
vjlopez7@gmail.com
elvitoalostoros.blogspot.com

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