La Fiesta sale del Ghetto con el triunfo de Talavante que impone los toros en televisión
EL VITO(*)
A hombros tras lograr trofeos de seis orejas gracias a
una gran corrida de Zalduendo con la que Talavante se atrevió "cantar por
bulerías" durante la faena de alguno de sus toros, en el centro del ruedo de Mérida, Badajoz
Más de un millón 500 mil personas vieron la corrida de toros
que Televisión Española transmitió el domingo desde Mérida, Badajoz. Son datos
de Europa Press, que nos informa que en la hora final de la corrida hubo un 5,4 por ciento de cuota de
pantalla, 4,4 puntos más de lo que registró el domingo anterior en TVE en ese
horario.
El nuevo presidente de la Corporación de Radio y Televisión
Española, es Leopoldo González
Echenique. González es presidente de TVE desde junio de 2012, y desde que está
al frente de TVE es la segunda vez que TVE emite corridas de toros.
El otro festejo televisado en directo para España, Europa y
retransmitida para América Hispana en horas de la madrugada, fue la del 5 de
septiembre de 2012 desde Valladolid.
Fueron seis años de gobiernos socialistas en los que los
toros fueron excluidos de la parrilla de la pública, por ser considerados
contenidos no apropiados para el horario de protección infantil.
Un año más tarde volvieron a verse toros en Televisión
Española. Sin tener que pagarle a las cableras, o la los circuitos cerrados
como si espectáculos pornográficos se tratara. La corrida de toros se
transmitió a señal abierta. La Fiesta volvió a la cadena pública con Alejandro Talavante en solitario,
lidiando un bravo y muy noble un encierro de Zalduendo. Lo hizo desde Mérida
(Badajoz), en directo para todas las televisiones españolas y, desde el Canal
Internacional, en diferido para todo el planeta.
Disfrutar de los toros, el único animal que lucha por su vida en la plaza y que
según su comportamiento puede merecer el perdón de su vida, fue vista por más
de millón y medio de personas, un 10,8 por ciento de la cuota de pantalla.
Un buen dato, sobre todo si se tiene en cuenta que la
triunfal encerrona de Talavante transcurrió en plena operación regreso de
vacaciones cuando más de la mitad de España estaba en las carreteras. Un dato
por encima de la media de la emisora pública en la época del Verano de Vacaciones.
La Corrida de Mérida compitió con la película «La verdad oculta» (protagonizada
por Gwyneth Paltrow y Anthony Hopkins) y el programa «Españoles por el mundo»
que fueron seguidos por menos de
600.000 espectadores. Con los toros se ha superado el millón y medio , por
delante de otras cadenas como Telecinco, Cuatro, La Sexta y tanto las
autonómicas como las emisoras afiliadas al Cable. Es decir, de cada 3
españoles, 2 vieron los toros. ¿Qué tal?
La media hora final de la corrida, que se ofreció en La 2,
tuvo un 5,4 por ciento de cuota de pantalla, 4,4 puntos más de lo que registró
el domingo anterior en ese horario. Es la segunda vez que TVE emite corridas de
toros desde que Leopoldo González-Echenique fue nombrado presidente de la
corporación en junio del año pasado.
El anterior festejo se emitió en el 5 de septiembre de 2012,
durante la Feria de Valladolid, rompiendo con los seis años en los que los
toros habían estado excluidos de la parrilla, fue seguida por 1.157.000 de
espectadores, el 12,7 por ciento de la cuota de pantalla, un «share» similar al
registrado el 14 de octubre de 2006, la última corrida emitida por la pública
antes de que se «vetasen» los toros por un texto sobre violencia animal de su
Manual de Estilo, suprimido ya.
La emisión del cartel de la Feria desde Mérida, la encerrona
de Talavante con seis toros, se enmarca en «la filosofía de la Corporación de
RTVE de tratar con naturalidad la Fiesta Nacional Española en atención a su
dimensión cultural, económica y social,
según señaló Leopoldo González Echenique, que ha defendido en distintas
ocasiones la «estricta legalidad» de emitir toros, un contenido que considera
de «interés cultural».
Cuando se organizó la Corrida de Mérida, fue con la
intención de exaltar la fiesta.
El cartel
inicial Morante de la Puebla, el artista inspirado, y Alejandro Talavante, una
zurda prodigiosa, mano a mano, se prestaba para ello. Morante no llegó a recuperarse a tiempo de la grave cornada
de Huesca. Morante, aunque convaleciente, dio aliento desde el callejón al
compañero.
La cuestión estaba en que para que los toros se diesen por
la televisión pública, en abierto, había que ceder los derechos de imagen. A
cambio se obtenía lo que tanto le falta a este espectáculo, normalidad. El
hecho de que alguien, haciendo zapping, se encuentre con toros en abierto de
manera natural. Salir del gueto, vamos.
Con estos antecedentes, Talavante no lo tenía fácil. Seis
toros para él solo. La última vez que lo intentó fue en San Isidro, con
victorinos, mucho más exigentes, pero salió mal la apuesta.
El extremeño es un torero de contrastes, de apuestas, de
retos. Si algo ha dejado claro es que se crece en la adversidad. Anduvo fácil con los dos primeros. Sin
exigencias. Como andaba a gusto, como en el patio de su casa y hasta se tomó la licencia de amenizar los
últimos compases de la faena cantando por bulerías.
El tercero, más exigente, hizo que aflorara un torero
técnico, reposado, largo, conocedor de terrenos… Engarzó los naturales sin
perder paso, citando con los vuelos de la muleta y rematando atrás. Fue lo más
puro de una tarde variopinta en la que se notó el esfuerzo por estar fresco y
variado con el capote. Destacó en un quite por chicuelinas y otro por
tallaferas.
A partir del cuarto se perdió el hilo de lo formal porque Talavante
torea, canta y, si hace falta,
hace teatro para presionar al presidente.
El indulto de "Taco", el cuarto de la tarde, como
se llama el toro que volverá al campo, es cuestionable y polémico. Es difícil
saber cómo se habría comportado de tomar un segundo puyazo, pero sí es
innegable que no se cansó de embestir, a todo. En banderillas el toro apretaba
hacia toriles, signo de manso, pero no se rajó y siguió los vuelos de la
muleta.
En definitiva, parecía algo más de cara a la galería, por
mostrar todo lo bonito del toreo y engrandecer el ambiente festivo, que en un
indulto con el reglamento en la mano.
Con el quinto pasó inadvertido, fue el único que pinchó. El
resto del encierro lo despachó con estocadas limpias. En el sexto no hubo
acople aunque sí un buen quite por verónicas.
Lo sucedido en Mérida es un buen ejemplo de lo que podría
ser un mínimo, una base sobre la que construir.
(*) Fuente de la información en las reseñas de Rosa
Jiménez Cano, Rosario Pérez, Lucas Pérez y Álvaro Acevedo
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