martes, 16 de julio de 2013

A César Girón le faltó la entrevista Imposible con Leonardo Padrón.

 EL VITO



LEONARDO PADRÓN
Habría sido la revelación de su entorno, de las raíces sobre las que descansó este frondoso personaje al que solo le faltó agregar a la herencia de su ejemplo el documento del interviú revelador de  las entrañas de su formación.
Los días de su miserable origen fueron apenas tocados de soslayo por sus entrevistadores, quienes sobrevolaron la realidad, terrible y aterradora,  como las garzas sobre las lagunas de las sabanas. Su referencia en la hemeroteca  no es más que una cuestión simpática, folclórica, carente de la lección vibrante en un venezolano hecho a la medida,  para el segundo episodio del Siglo XX y de inevitable referencia al alba del Siglo XXI.
Hoy, en las hemerotecas y bibliotecas si las buscáramos, encontraríamos los coloquios de quienes se le acercaron al Girón triunfador.
 Magníficos escritos de Fernando Claroumont, la reseña crítica del mexicano Carlos León Quesada, el  análisis histórico del  académico don Gregorio Marañón o de la filosofía de la técnica del toreo del periodista don Gregorio Corrochano.
 Las conversaciones con Miguel Otero Silva y Arturo Uslar Pietri, que salpicarían relatos anecdóticos de estos dos genios literarios criollos en sus aproximaciones a la Fiesta de los Toros.
Fue entrevistado, no una sino muchas veces, por periodistas importantes en nuestro medio como lo han sido Omar Lares, Abelardo Raidi, Mariahé Pabón, Pepe Cabello, Federico Núñez,… Entrevistas al triunfador, al epicentro del terremoto, o a las miradas del conquistador.
Ninguna se le raspó en la lata de las empanadas, o se le buscó en la gota del frasco de guarapo de piña que se vendía a locha el vaso.
Los caminos cruzados por Girón, para llegar a los toros, son los mismos senderos polvorientos que día a día siguen andando los niños y niñas de este pueblo incomprendido.
No son los caminos que van a las fincas, ni los que llevan a los maletillas al tentadero. Fueron las trochas, las acequias, los montes y sabanas que harían un delicioso guión a Leonardo Padrón quien, con su visión cinematográfica del acontecimiento,  tiene la capacidad de provocar aromas, calores y colores en su narración: es que Girón amaneció para el toreo en el techo de la mezquita del Calicanto,  para descubrir a Manolete y Arruza. Soportó el sahariano ardor del sol de Aragua, hasta las cuatro de la tarde en Maracay, para como una lagartija colarse entre la multitud y ver de cerca de los ídolos de la Fiesta.
Girón  es una pinza  que aprieta la vida nacional, entre una revolución que nunca fue y un revolcón que duró demasiado. En ese lapso,  limbo de tentaciones, se subió a un ring de boxeo estimulado por el ejemplo de Oscar Calles, cogió rolins en la sabana recibiendo pelotazos en la jeta,  porque la pelota  y los puños eran los únicos caminos que podían coger los muchachos en Venezuela  para salir de pata en el suelo.
César Girón era uno de esos Imposibles que, con maestría, Leonardo Padrón nos mete en  casa cada noche de domingo. Son los protagonistas en la Venezuela auténtica, o como la llaman los antropólogos, los actores en la Venezuela profunda y sin afeites, con sus ilusiones intactas. Son ellos quienes nos ayudarían en la comprensión y entendimiento  del galimatías en que hemos convertido lo cotidiano.
Es por ello pues, que esta semana, invito a mis amables lectores compartir en esta página una relación que,  Padrón,  no traerá a los Imposibles pero que, propongo, sirva para comprender ese pedazo de Venezuela que nos tratan de quitar elementos exógenos, extranjeros, con una doctrina rara que crece en el mundo, con la plasticidad de lo impuesto y la fragilidad de lo artificial.
Me refiero a la Doctrina del Animalismo Contemplativo, religión que tiene en Walt Disney su gran gurú, interpretado por mil cabezas, como si fuera Cristo, con cientos de desviaciones y complicaciones.

Esta revista de festejos celebrados en el Nuevo Circo de Caracas es un intento radiográfico de la columna vertebral de una pasión taurina. La pasión del amor odio que vivieron César y su ciudad natal. … Con todos pudo, ante todos fue César Girón.

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