Gracias por oportunidad de comentarles lo
que viví, en esa plaza de toros donde el respeto al espectáculo es una
catedral, es un silencio eclesiástico y postcoital
Toreaba Manuel Escribano, quien. sustituye al gran torero Madrileño El Juli, en la corrida de toros más esperada, los toros de Miura
La
faena de capa un poema, las banderillas un ¡Ayyy! y con la con quietud, mando y temple.
De repente, desde lo más alto de sol arrancó una voz, un fandango que atrajo todas las miradas. De inmediato, la voz y el cántico se convirtieron en un
vozarrón que acompañaba la faena y sin que nada ni
nadie interrumpiera la obra de artem vista y escuchada y oídaveinte mil almas que al final del acto sublime aplaudieronna los tres artistas: al ravo toro, al artista trianero y a un torerazo, Manolo Escribano.
Claro sin traer al trianero
Un abrazo. PEDRO CASANOVA / Sevilla
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