Manuel González Delgado.
Muy bien escogidos para esta temporada del “Señor de los Milagros 2013” los toros de la ganadería colombiana de la “La Ahumada”, todos en tipo, de buenas hechuras y en cuanto al peso me proyecto con unos 80 kilos más cuando lleguen a Lima, ya que faltan unos 135 días más o menos.
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Estas fotos me dan la oportunidad de comentar un hecho que en su momento me pareció importante y meses después me sigue pareciendo fundamental.
Hace unos meses tuve la oportunidad de estar presente en varias ocasiones en ganaderías peruanas donde las comisiones de los pueblos iban a comprar toros para sus fiestas patronales, acompañados de sus “asesores” ó “veedores”, quienes apuntaban con esmero los números de los toros en el campo ó en los corrales, dependiendo donde se encontraban los cornúpetas, y cual fue mi sorpresa que escogían no a los toros con “mejores hechuras” según el encaste de la ganadería, sino los que más peso tenían, dejando para otros compradores que llegarán posteriormente toros de mejor morfología ó “hechuras”.
Con esto no quiero decir que los toros que se desechaban estuviesen flacos, ni mucho menos, lo que sucedía es que no eran de esos cornalones, abastados por su gordura, fuera de tipo, como fueron la mayoría que se llevaron, sólo por hecho de ser “gordos” y más altos.
El toro bajito, de cuello largo, “entipado”, en fin con las “hechuras” propias del encaste, ese no servía.
La conclusión que me lleve es que las intenciones son buenas, querían toros como se dice…”con plaza”, pero también que estamos muy lejos de comprender los fundamentos del toro en su verdadera magnitud. Hoy que las redes sociales permiten opinar por opinar, refutar a los verdaderos profesionales con una seguridad espeluznante, y no esforzarse por aprender, me preocupa mucho, pero en fin es lo que es, y ojalá algún día mejore.
Como ejemplo final, contaré una anécdota que gráfica esto de cuerpo entero. En una reunión social en el campo hace un poco más de un mes, le pregunte a un aficionado representante de una peña taurina de importancia en nuestro país, si en algún momento les preparaba un video con seis toros distintos, sólo desde la salida de toriles, hasta su primer remate en tablas o una vuelta al ruedo y que me reconociera el encaste de cada uno de los toros que se mostraban en el video, sólo eso, ya ni que decir el comportamiento típico de ellos según la ganadería a la cual pertenecen. Lamentablemente no lo podía hacer. Los profesionales del toro tienen la obligación de conocer todo esto, mientras que el aficionado con verdadera afición no tiene porque tener la obligación pero si la curiosidad de aprender sobre el toro, porque así comprenderá muchas más faenas y que estas no se limitan a bonitas o feas y las juzgarán de acuerdo al toro que tiene cada torero delante y valorarán mejor a un ganadero en la selección de sus productos.
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