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| CESAR VALENCIA |
El novillero
venezolano César Valencia rompió el vacío de un torero nacional en la feria de
San Isidro. 19 años exactos sin venezolanos en el ciclo más importante del
mundo taurino, tras la última actuación de Morenito de Maracay en esta feria,
el 22 de mayo de 1994 cuando estoqueó un toro de Alonso Moreno de la Cova y un
sobrero de El Sierro, alternando con Tomás Campuzano y Juan Cuéllar, vestido el
maestro de rosa palo y oro, saludó una ovación en su último toro.
Hoy no ha tenido
suerte César Valencia, que ha sido perjudicado tremendamente por el fuerte
viento que hace que a veces torear en Las Ventas sea poco menos que imposible.
Vestido de gris
plomo y azabache, Valencia salió muy decidido como lo demostró a la hora de
trenzar el paseíllo cuando fue el primero de los novilleros en aparecer en la
arena, en tarde en la que alternó con Álvaro Sanlúcar y Gonzalo Caballero, para
estoquear un parejo lote de novillos de Nazario Ibáñez.
Sanlúcar se mostró
espeso, a pesar de que se habla muy bien de él, pero algo envarado y muy
amanerado en sus formas, no pasó de ser un voluntarioso torero en el primero y
se le reprochó en el cuarto su manera de citar al hilo del pitón, para dar los
muletazos largos pero sin ajuste, además de sufrir dos desarmes que le hicieron
perder el rumbo. Tuvo un excelente novillo en cuarto lugar que literalmente se
le fue.
Gonzalo Caballero
es un novillero muy valiente que aunque tiene buenas maneras, sigue siendo algo
brusco en sus ejecuciones, sin correr bien la mano, más de atropello que de
clase, aunque logró buenos muletazos en ambos, no los cuajó. A pesar de ello,
el público, muy benevolente le hubiese dado una oreja en cada astado de no
pinchar. Es un diestro al que el valor le camina por sendas diferentes al buen
toreo.
César Valencia
intentó sujetar con el capote a su primero “Pocaplanta”, número 16, negro
bragado meano axiblanco con 470 kilos. En el primer muletazo fue desarmado y a
partir de allí el viento sopló con fuerza. Valencia, muy sincero y entregado se la jugó sin cuento,
pero no pudo templar las embestidas ya que la muleta volaba como un simple
pañuelo. Por el pitón izquierdo tuvo clase el novillo y César le enganchó por
delante, le toreó bien, pero el clima a veces es el peor enemigo de los
toreros. La frustración del joven, que sabía que podía hacer más es
inimaginable.
Se fue a recibir a
portagayola al sexto “ Cornialtas”, número 48, negro bragado meano axiblanco
con 484 kilos. El novillo se abrió demasiado hacia el lado derecho del torero
por lo que la larga que intentó Valencia fue al viento. El novillo, mansurrón y
deslucido sólo le permitió estar
voluntarioso, intentando justificarse, en los medios siempre y adelantando el
engaño pero con el cansino trote del novillo no podía haber conjunción. Manejó
la espada César Valencia con brevedad. El triunfo quedó para otra ocasión,
aunque la dignidad quedó totalmente manifiesta.

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