jueves, 1 de septiembre de 2011

La gran tarde Alfredo Sadel, el Tenor de América, gran aficionado a la fiesta brava

Alfredo Sadel y Diamantre Negro, dos ídolos de un pueblo unidos por la pasión de los Toros

EL VITO

En reciente visita a Medellín, donde de la mano de Alberto Lopera, un muy apreciado amigo y gran periodista, descubrí una gran ciudad. Aquí en esta urbe musical supe de una aventura taurina del gran Alfredo Sadel. Mi entusiasmo, mis muy respetados lectores, me empuja contarles lo que Loperita me relató.
Alfredo fue un gran admirador de Gardel, y Medellín es posiblemente la ciudad más “gardelista” del mundo y cuando Sadel en septiembre de 1964 fue a Colombia, lo hizo como presidente de AVADE (Asociación de artistas de Venezuela) y firmó un pacto de mutua reciprocidad artística con su similar en Colombia. El gran cantor de Venezuela aprovechó esta y otras visitas para fundar a mediados de 1965, con el barítono colombiano Jesús Rincón, la “Opera Bolivariana”.
Alfredo Sadel era caraqueño, y que había nacido en una casa sin número entre Cruz de La Vega y Palo Grande, por su calidad como tenor se convertiría en el tiempo en ídolo de los públicos más diversos, en diferentes grandes escenarios del mundo. No exageramos el impacto artístico de Alfredo en naciones como México, en una ciudad como Nueva York o en un continente como Europa y le recordamos a nuestros lectores que Sadel, Chico Carrasquel y Diamante Negro, han sido los tres ídolos más populares que haya adorado el pueblo de Caracas a lo largo de más de 500 años de vida de la gran urbe.
Les decíamos que entre Jesús Rincón y Sadel se hicieron empresarios de la Ópera Bolivariana, cuyo estreno en Bogotá y en Medellín fue un estrepitoso fracaso; y el agua les llegó al cuello cuando comenzaron a sumarse las deudas.
Postal, con dibujos realizados Alfredo Sadel, quien la envió a Alberto Lopera en la Navidad de 1960 en demostración de su amistad
Los tenores importaron de Italia, decorados y vestidos, y contrataron a cuatro estupendos y costosos artistas: Redento Comaccio, Ledo Freschi, Humberto Marchicca y Rio Novello. En palabras de Alberto Lopera el debut tuvo éxito relativo en Bogotá, donde se presentó la ópera en el Teatro Colón, “pero en Medellín fue el desastre total. Muy poco público acudió al teatro Junín, a pesar de ser el espectáculo de gran calidad, pero faltó una promoción bien hecha”
Ya el Junín no existe, lamentablemente fue derruido para dar paso a la hoy famosa Torre Coltejer un edificio de 40 pisos...
La experiencia como empresarios operáticos de Alfredo Sadel y Jesús Rincón fue un desastre, ruina total. Vale recordar, apunta Alberto Lotera, “al finalizar la última presentación de Rigoletto, Alfredo después de la ovación de más o menos unos doscientos espectadores que había en la sala (con capacidad para 900) les pidió que le ayudaran para poder pagar el hotel y el regreso de los artistas italianos a su patria, y en la puerta del Teatro Junín, aún vestido con la ropa artística, recibió algunas ayudas que poco ayudaron a resolver los problemas. Fue entonces cuando Lopera le propuso a Sadel que toreara en La Macarena.
- Yo sabía que el 14 de febrero de ese año 1965 él había toreado en la plaza de Maracay con Mario Moreno “Cantinflas” además de Oscar Martínez, Carlos Serfaty, Roberto Hernández y Simón Díaz. Un festival con 6 becerros de Guayabita y le acompañó el éxito económico. –Cuenta Alberto
Un año antes en esa misma plaza de Maracay, concretamente el 17 de mayo de 1964, Alfredo había toreado otro festival con Joselito López y Carlos Martínez, así que ya tenía cierta experiencia frente a las reses bravas.
A Sadel, muy aficionado a los toros, le gustó la idea de Lopera y en cuestión de cuatro días se organizó el festival “a Beneficio de la Ópera Bolivariana”.
El festejo se organizó en la plaza de La Macarena, la que por influencias de Alberto Lopera se consiguió gratis. También cuatro novillos de la ganadería Latorre, propiedad del rejoneador Oky Botero.
El festival taurino de Alfredo y Alberto a Beneficio de la Ópera Bolivariana se realizó el 6 de septiembre de 1965, a las 8 de la noche. El cartel: Quinito II, Aranguito, Alfredo Sadel y Alberto Lopera. - Apenas un tercio de plaza ante las prisas y la escasa publicidad. Y precisamente, ante los acosos del montaje se nos pasó por alto contratar el equipo de sonido. ¡Imagínate, y para un cantante!
Al terminar el paseíllo la gente solo estaba pendiente de Alfredo, y cuál sería la sorpresa que sin salir el primer becerro, salió al centro del redondel y a “capella” comenzó a cantar el pasodoble “Virgen de la Macarena”. Fue la locura. A renglón seguido interpretó otros pasodobles en las mismas condiciones, sin acompañamiento alguno, solo el silencio y el respeto al más grande tenor de América.
Alberto Lopera era un joven de 24 años de edad y había dejado sus intenciones de ser torero. Trabajaba como visitador médico. Alfredo Sadel estuvo muy valiente, toreó a su manera y mató rápidamente siendo al final paseado a hombros por el ruedo.
Alfredo Sadel fue un gran aficionado a la Fiesta. Su primer disco grabado cuando tenía 19 años fue el pasodoble “Diamante Negro”, y luego grabó muchísimos como Antonio Aragón, Cañitas, Bernardo Valencia, Asturias, Silverio Pérez, César Girón, Curro Primero (Girón), Domingo Once, Feria de la Chinita, La morena de mi copla, Lola Flores, Novillero, Maestranza de Maracay, Oscar Martínez, San Cristóbal andino, Toledo, Silverio, y muchos otros que se nos escapan. Tenía una manera muy especial de interpretar los pasodobles, superando a quienes para algunos podrían ser sus rivales en el género, como Nesto Chaires y Juan Legido. Sadel tenía “corazón torero”, ellos no.
-Ah, se me olvidaba-, comentaba Lopera- En todas esas facetas toreras Alfredo siempre contó con la ayuda y el apoderamiento de Manolo Montero que incursionó varios años con éxito en los ruedos.


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