lunes, 2 de mayo de 2011

ARROJADO A LA GLORIA

Pocos espectáculos más hermosos pueden contemplarse en una Plaza que el indulto de un toro

Manzanares sale por la Puerta del Príncipe

ANDRÉS AMORÓS / SEVILLA



Pocos espectáculos más hermosos pueden contemplarse en una Plaza que el indulto de un toro: con su bravura sostenida, extraordinaria, consigue burlar a la muerte y volver a la dehesa. Esa gloria la ha conseguido hoy «Arrojado», de la ganadería de don Joaquín Núñez del Cuvillo, lidiado en tercer lugar por el espada José María Manzanares, que ha realizado una gran faena. Se han vivido momentos de enorme emoción.

Hasta aquí, la noticia escueta. El acontecimiento es tan insólito que muy pronto se han planteado preguntas. La primera: ¿desde cuándo no sucedía esto en Sevilla? Yo, la verdad, no lo había vivido. Mi amigo Eugenio, memoria viva de esta Plaza, recuerda un novillo de Albaserrada, a mediados de los sesenta: hace ya cuarenta y cinco años...

Segunda pregunta. A Manzanares le han dado dos orejas simbólicas: ¿cuentan estos trofeos para la salida en hombros? La realidad nos lo confirma: José Mari corta otras dos orejas en el último y vive la emoción única de abrir la Puerta del Príncipe, entre un clamor popular extraordinario...

Vayamos por partes (como decía Jack el Destripador). Durante todo el día no ha parado de llover. Parecía imposible que se celebrara la corrida: gracias a la lona, el suelo se ha mantenido. Y gracias a Dios, que esta vez sí se ha mostrado buen aficionado, ha salido el sol y hemos vivido una tarde dorada. Me dice mi amigo Ildefonso: «Ayer por la mañana, todos hablaban de Mourinho; hoy, toda Sevilla habla de toros». ¡Qué alegría! ¡Y mucho más que van a hablar mañana!

La corrida de Núñez del Cuvillo ha estado bien presentada, con varios toros ovacionados de salida, y tres han dado excelente juego: el primero de Aparicio y el lote completo de Manzanares.

Vayamos ya al tercero, de cuatro años justos, negro mulato, astifino. Humilla bien pero vuelve al revés y muestra tendencia a toriles. Hay un gran puyazo de Chocolate y unos estupendos pares de Curro Javier. El toro va un poco suelto pero se mueve mucho y humilla. Al llegar a la muleta, saca toda la nobleza y bravura que llevaba dentro. Desde el comienzo de la faena, embiste casi al ralentí. Manzanares brilla en derechazos suavísimos, de mano baja. Parece que se duerme en los muletazos. Enlaza derechazos, naturales, de pecho, cambiados, con una estética verdaderamente fuera de lo común. Y el toro no para de embestir, con clase extraordinaria. La Plaza hierve. Comienzan a asomar pañuelos blancos, pidiendo el indulto para el toro, que embiste incansable. Manzanares mira a la presidencia: no se cansa de torear ni el toro, de embestir. Es difícil ver torear de una manera tan relajada: como si bailara un chotis, en un ladrillo, dice una bella espectadora. Los tendidos son ya un volcán y el presidente saca el pañuelo naranja: emoción de verdad inenarrable. Manzanares da la vuelta al ruedo con el ganadero, Alvaro Núñez del Cuvillo.

Si analizamos fríamente la cuestión, el indulto sería discutible por lo que hace el toro en los primeros tercios; no tiene duda, en cambio, por su forma de crecerse al castigo, de embestir sin parar; ni, por supuesto, por el extraordinario clima de emoción que se ha creado.

Tiene fortuna también José Mari con el último, más pegajoso, que pierde en varas la funda de un pitón, flaquea un poco pero embiste a la muleta alegre, pronto, con casta. Saluda Trujillo en banderillas. El alicantino vuelve a torear de maravilla: acompaña con la cintura, manda, liga los muletazos, traza arcos lentísimos y de pecho inacabables, con una estética innata a la que ha unido ya la madurez. Un estoconazo culmina la obra de arte y la tarde; y, de momento, su vida torera: sale triunfalmente por la Puerta del Príncipe.

Hoy es la tarde de José Mari. Julio Aparicio lancea con empaque al primero y consigue momentos muy airosos, con salero, pero no culmina la faena. En el cuarto, en plena resaca de la borrachera general, se muestra desconfiado, muletea a media altura, mata mal y es pitado. Tampoco es la tarde de Morante, que se lleva los dos toros más complicados. En el primero, de Aparicio, consigue un quite extraordinario: tres verónicas y media, meciendo el capote, que son una verdadera maravilla. ¿El quite de la Feria? Supongo que sí. En el segundo, da una serie de derechazos maravillosos, que hacen sonar la música, pero no culmina la faena. Peor suerte tiene en el quinto, que se lesiona en un encontronazo con la barrera.

Recuerdo un verso: «De la gloria a tus pitones...» Hoy ha sido al revés. Con sus pitones, ha subido «Arrojado» a la gloria de los toros bravos. Y, con él, un gran torero, José María Manzanares. Tarde inolvidable. Cierro con otro verso: «¡Hermoso toro de España!»
Manzanares: «No me lo creo, estoy en un sueño»
«No me lo creo. Esto es el sueño de toda mi vida. Desde que decidí ser torero mi objetivo era abrir la Puerta del Príncipe y me ha costado tanto», manifestó un emocionadísimo José María Manzanares a los micrófonos de Digital Plus. El torero alicantino, que dedicó el triunfo a su padre y a su mujer, dijo sentirse «muy a gusto» toda la tarde. Respecto al toro indultado, señaló: «Ha sido extraordinario. Ha tenido clase y ritmo. He disfrutado muchísimo; lo que siento es increíble, estoy en un sueño».
El ganadero, Álvaro Núñez Benjumea, no ocultó su satisfacción: «Nunca soñé con que se indultase un toro en la Maestranza. Ha tenido mucha clase en la embestida. Me he emocionado incluso antes del indulto, viéndolo embestir. Viene de un semental que ha dado muy buenos hijos y la madre es una vaca pura de Osborne, por lo que el toro estaba muy en esa línea. Además, ha tenido la suerte de caer en las manos de Manzanares, que ha hecho una faena con una despaciosidad y una cadencia asombrosas. No sé lo que hubiera dado de sí en otras manos».

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