EL VITO
Alejandro Talavante y la Monumental de Madrid han vivido de
una curiosa relación destinataria. Relación surgida aquellos días cuando
Antonio Corbacho le lanzó a la arena de Las Ventas. Era un novillero que había
estallado al estilo de José Tomás, más por su entrega y formas
inexplicables, en el escenario de
la fiesta; y, aunque jamás lo dijo, se leía en los subtítulos de surrealismo de
Corbacho que éste, el de Badajoz, sería
el otro gran torero que surgiría gracias a los conceptos orientales de
concentración, meditación y convicción de esta religión taurina que tiene en
Corbacho su predicador y su pontífice en Tomás.
Esta relación de surrealismo comenzó con aquellas
novilladas, en las que sin cortar orejas en Madrid, condujeron a Alejandro
Talavante al centro de la atención taurina universal. Vinieron luego los
normales altibajos, que le dieron argumentos a los detractores. Pregonaban que
aquello, como reza la letra del
tango porteño, fueron amores de un día. Hasta que fuimos testigos de aquella
faena Cervato de El Ventorrillo, faenón
que se desató al poner en la bandeja del destino, la fiereza de un gran toro.
Tempestad enjaulada por la voluntad de un iluminado, fiereza que fue dominada
por la entrega del torero , que no pudo ser borrada por la tormenta emocional
que significó la corrida del pasado 18 de mayo en Madrid con los toros de
Victorino Martín.
Ahora y ante un manso de Victoriano del Río, el extremeño
borró dudas con un discurso de triunfador inobjetable. Un toro que presagiaba
la derrota por sus anuncios en los capotes y subrayaba la impresión de
mansedumbre en los montados. Había desorden en la arena, incompetentes los
integrantes de la cuadrilla de
Talavante hasta que el torero se sembró en la arena y al estilo de
aquellos maestros de los años cincuentas emocionó con sus estatuarios, los que
engarzó muy al estilo mexicano con muy templados y dominadores naturales
que condujo sometiendo el
torbellino de su embestida. Su sello, esa marca del cambio de mano en la muleta,
borró los presagios de fracaso y reescribió su evangelio taurino que con mortal
estocada convirtió el acero en llave de oro para abrir la puerta grande de la
plaza grande del toreo.
Es su cuarta
salida a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas a la Calle de Alcalá de Madrid.
FICHA DE LA CORRIDA
XV DE LA FERIA DE SAN ISIDRO
TOROS de Victoriano
del Río, bien presentados. El 1º, lastimado de la mano izquierda 2º; encastado
y con emoción, el 3º; manso con el capote, emocionante en la muleta: los
lidiados en 4º; 5º y 6º, complicados en la muleta. Lleno. Sebastián
Castella, de tabaco y oro, estocada, dos
descabellos (silencio); estocada, descabello (oreja). José María
Manzanares, de pizarra y oro, estocada
(oreja); pinchazo, media estocada, dos descabellos (silencio). Alejandro
Talavante, de añil y oro, buena estocada
(dos orejas); pinchazo, media estocada atravesada, tres descabellos
(silencio).
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