sábado, 25 de mayo de 2013

LA OPINIÓN DE EL VITO Alejandro Talavante, convincente con su mensaje surrealista

Ahora y ante un manso de Victoriano del Río, el extremeño borró dudas con un discurso de triunfador inobjetable. Un toro que presagiaba la derrota por sus anuncios en los capotes y subrayaba la impresión de mansedumbre en los montados. 

EL VITO


Alejandro Talavante y la Monumental de Madrid han vivido de una curiosa relación destinataria. Relación surgida aquellos días cuando Antonio Corbacho le lanzó a la arena de Las Ventas. Era un novillero que había estallado al estilo de José Tomás, más por su entrega y formas inexplicables,  en el escenario de la fiesta; y, aunque jamás lo dijo, se leía en los subtítulos de surrealismo de Corbacho que éste, el de Badajoz, sería  el otro gran torero que surgiría gracias a los conceptos orientales de concentración, meditación y convicción de esta religión taurina que tiene en Corbacho su predicador y su pontífice en Tomás.

Esta relación de surrealismo comenzó con aquellas novilladas, en las que sin cortar orejas en Madrid, condujeron a Alejandro Talavante al centro de la atención taurina universal. Vinieron luego los normales altibajos, que le dieron argumentos a los detractores. Pregonaban que aquello, como  reza la letra del tango porteño, fueron amores de un día. Hasta que fuimos testigos de aquella faena Cervato de El Ventorrillo, faenón que se desató al poner en la bandeja del destino, la fiereza de un gran toro. Tempestad enjaulada por la voluntad de un iluminado, fiereza que fue dominada por la entrega del torero , que no pudo ser borrada por la tormenta emocional que significó la corrida del pasado 18 de mayo en Madrid con los toros de Victorino Martín.

Ahora y ante un manso de Victoriano del Río, el extremeño borró dudas con un discurso de triunfador inobjetable. Un toro que presagiaba la derrota por sus anuncios en los capotes y subrayaba la impresión de mansedumbre en los montados. Había desorden en la arena, incompetentes los integrantes de la cuadrilla de  Talavante hasta que el torero se sembró en la arena y al estilo de aquellos maestros de los años cincuentas emocionó con sus estatuarios, los que engarzó muy al estilo mexicano con muy templados y dominadores naturales que  condujo sometiendo el torbellino de su embestida. Su sello, esa marca del cambio de mano en la muleta, borró los presagios de fracaso y reescribió su evangelio taurino que con mortal estocada convirtió el acero en llave de oro para abrir la puerta grande de la plaza grande del toreo.

 Es su cuarta salida a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas  a la Calle de Alcalá de Madrid.



FICHA DE LA CORRIDA

XV DE LA FERIA DE SAN ISIDRO

TOROS de Victoriano del Río, bien presentados. El 1º, lastimado de la mano izquierda 2º; encastado y con emoción, el 3º; manso con el capote, emocionante en la muleta: los lidiados en 4º; 5º y 6º, complicados en la muleta. Lleno. Sebastián Castella, de tabaco y oro, estocada, dos descabellos (silencio); estocada, descabello (oreja). José María Manzanares, de pizarra y oro, estocada (oreja); pinchazo, media estocada, dos descabellos (silencio). Alejandro Talavante, de añil y oro, buena estocada (dos orejas); pinchazo, media estocada atravesada, tres descabellos (silencio). 

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