miércoles, 5 de agosto de 2020

Conversando con Antoñete (1) RAFAEL ORTEGA FUE EL MEJOR DE MI ÉPOCA Por Víctor José López EL VITO-


 

 

Fueron varios los festivales y muchos los tentaderos compartidos con el admirado Maestro.( Cuadro de Pancho Flores)

 

Fueron muchos los años de cercana amistad, y de caminos andado donde se confundieron mi admiración hacia el maestro Antoñete y el amigo Antonio Chenel. Años que produjeron intensos reportajes que tuvieron como epicentro aquel milagro del toreo, que en vida fue el torero de Madrid.

Cada uno de aquellos momentos los reproduje en varios libros y revistas, una vida como un reportaje extenso editado a pedazos en Reportero Taurino, 2007, donde se reúnen los momentos más importantes del personaje parco, callado, idolatrado a gritos por la afición de Madrid.

Algunos son relatos del maestro, otros testimonio nuestros en Madrid, Sevilla y en Caracas, México y Lima, en la vida que juntos escribimos una colcha de retazos que arropa como una cobija mi memoria, en aquellos días que bolígrafo y libreta de notas en ristre caminamos por los más emocionantes caminos del toreo.

Intentaré reunir los retazos de esta época de reportero, más por revivirlos, por volver a disfrutar la cercanía del amigo, que por recordarle a la afición de Caracas aquel personaje que por las tardes caminaba por la Urdaneta hasta llegar a Candilito donde compartía un café con leche con amigos muy entrañables.

Antes, después y también ahora la manía de las comparaciones, que a Chenel molestaba pero que también animaba. Cuando luego de su primera incursión en México relataba Chenel que tuvo que operarse, porque tenía los dedos engarrotados y no podía con la muleta.

-       En México un toro me pegó una voltereta y me desajustó los hierros, otra vez. Cuando regresé a Madrid los médicos en esta oportunidad descubrieron que tenía soldados los huesos del brazo izquierdo, lo que aprovecharon para sacarle los hierros y quedar preparado para otra reaparición. Lo que ocurrió en Madrid, donde el primer toro me pegó una cornada… No me desamparaba la fatalidad.

-       Después de Madrid vinieron como cuentas de rosario los triunfos en San Sebastián, Bilbao, las plazas del Norte hasta concluir la temporada.

-       Antonio Ordoñez hizo una lista muy caprichosa de las figuras del toreo y me coloca en cuarto lugar con un “si el quisiera podría ser primero”

-       Claro, ese colocó arriba en su escalafón. Cosas de Ordóñez. Todo tiene su porqué. Sucede que un día en Barcelona un toro me había pegado muy fuerte. Una paliza. Al día siguiente de la voltereta toreábamos con Ordóñez y Gregorio Sánchez en Mérida, Extremadura. Llegué a Mérida. Los médicos me infiltraron y salí echo un león. Ordóñez cortó una pata, Gregorio dos y yo corté cuatro patas… Al día siguiente toreábamos en Zaragoza. Ordóñez y Julio Aparicio. El médico de Zaragoza pegó un petardo, porque me infiltró mal. Salí adolorido a la plaza, con fiebre muy alta. La corrida salió muy buena, triunfaron Ordóñez y Aparicio y yo estuve fatal. Por eso lo del “si el quisiera”. Nunca existió la pretendida rivalidad con Antonio Ordóñez. Entre él y yo siempre hubo un pique, pero nadie se enteraba. Ni Ordóñez ni sus muertos han sido mejores toreros que Rafael Ortega. Ese era el que toreaba bien en mi época; a ese le temía yo más que a nadie. A los demás los respetaba, como he respetado siempre a los profesionales, he respetado todos mis compañeros, pero el mejor torero de mi época, con el capote, la muleta y la espada era ese: Rafael Ortega. Cuando se ajustaba a un toro era de temer. Lo que pasa es que estaba mal hecho, y eso será ya un hándicap. Una calva incipiente, regordete, de caja toráxica muy grande. Me consta que Rafael se cuidada más que nade. Hacía muchos sacrificios para no engordar, pero era su forma, así estaba hecho, no acorde con lo que uno imagina deber lucir un torero. Todo lo contrario, a Paco Camino, por dar un ejemplo, que estaba hecho a la perfección para vestir un traje de torero. Hoy, cuando reviso la historia gráfica del toreo, esas viejas películas recogidas en seriales de video, descubro mucho más la grandeza de Rafael Ortega. E de San Fernando mejora con el tiempo, es como Gardel que cada día canta mejor. Rafael Ortega, cada vez que lo miro, torea mejor. Fue un torero de avanzada ¡Y de gran pureza!

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